Decadencia y olvido de la política exterior mexicana

La Política Exterior es un asunto de suma importancia para cualquier Estado, su supervivencia depende en gran medida del buen manejo de esta. Para las grandes potencias es imprescindible invertir gran cantidad de atención y recursos en una diplomacia que les permita proyectar su poder y alcanzar sus intereses; para las potencias medianas, les permite en sus capacidades usarla para ganarse un lugar en el escenario internacional; para el resto de los países es clave para mantener su independencia y soberanía respecto a los más poderosos.

México ha sido percibido desde hace tiempo como una potencia media, un país con la fuerza económica y política para tener influencia a nivel regional, beneficiado por su condición geográfica de gran territorio, salida a dos océanos, petróleo y una gran variedad de recursos, etc., estar entre las primeras 15 economías del mundo, ser con creces el primer destino turístico de América Latina y de los primeros del mundo, y haber mantenido hasta el año 2018 un crecimiento, tímido pero constante. La suma de todo ello debería dar por lógica que el país cuente con una política exterior congruente, que le permita alcanzar sus intereses en el extranjero, y así fue, hasta cierto punto, durante el siglo XX, principalmente durante el régimen del Partido Revolucionario Institucional, el cual consiguió una política exterior eficiente, quizá no al alcance de todas las posibilidades y de los deseos de diversos sectores en México, pero al menos contaba con presencia, liderazgo regional y un margen de maniobra respecto a los Estados Unidos. Hoy en día la situación es muy distinta.

La actual condición de la Política Exterior Mexicana es frustrante, y no parece haber interés en ella ni por parte del gobierno, ni de los partidos políticos. Tan solo basta recordar que lo único referente a la materia en los debates presidenciales de hace 2 años, era el tema de ¿Qué hacer con Trump? Tan mediocre y eclipsada está la diplomacia mexicana que casi el 100% de su atención, no es ni siquiera Estados Unidos como país, sino la figura de Trump. ¿Así o más evidenciada la falta de una política de exterior de Estado?

La crisis comenzó desde la llegada de Vicente Fox a la presidencia, pues entre sus desplantes de torpeza, la falta de experiencia, y su ambigüedad sobre las coyunturas globales del momento, la salida de un gran número de diplomáticos de carrera, entre otros factores, terminaron por desmantelar mucho de la presencia externa de México. Se destruyó la medianamente decente política exterior del PRI, y se sembraron conflictos con aliados históricos de México, por motivos ideológicos y de servilismo a Estados Unidos.

Pero la Izquierda nacional tampoco está libre de culpas. Desde antes de llegar al poder ya mostraban carecer de visión al respecto; no muestran nada más allá de su hipócrita «unidad latinoamericana», una idea ataviada de sentimentalismo y abstracciones que no dejan claro cómo puede beneficiar en los hechos (en lo material) algo así al país.  Además de escudarse cobardemente en la Doctrina Estrada para no hacer nada en el exterior.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se recuperó algo del terreno perdido en los dos sexenios del PAN. El acercamiento a Cuba (aunque al precio de perdonar gran parte de la deuda del país caribeño) y básicamente encabezar el Grupo de Lima, fueron desplantes que al menos reposicionaban el liderazgo mexicano en la región latinoamericana (perdido ante Brasil), y sin embargo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador deshizo este avance por sus meras similitudes, o cuanto menos simpatías ideológicas con el chavismo.

Así de frágil es la constancia en la política exterior de nuestro país, pero lo cierto es que en estos momentos no hay ni «solidaridad» con América Latina, ni esa «valentía» con la que supuestamente se iba a enfrentar la irascibilidad de Trump. En cuanto al resto del mundo, aislamiento o peor, perder terreno en la presencia externa del país vía destruir organismos como ProMéxico o dejar de invertir de manera importante en la proyección turística del país, aunado a peleas innecesarias con España por el trauma de algo que pasó hace 500 años.

No obstante, la torpeza de la 4T, en este caso no son los únicos culpables, sino otro reflejo más del desinterés por la política exterior (y ya ni hablar de una proyección geopolítica) que impera en toda la clase política mexicana, desinterés que se amplía al sector militar, a la promoción turística y económica, etc. A lo turístico con lo ya mencionado (sin olvidar que durante el gobierno de Felipe Calderón se contempló eliminar la Secretaría de Turismo); en lo económico no solo desmantelando el principal organismo de promoción de exportaciones, sino ahuyentando cualquier inversión extranjera por temor de que “a la mera hora” se cancele, algo que no inició con el aeropuerto de Texcoco, sino venía desde tiempos de Peña Nieto, con el tren México-Querétaro o el Dragon Mart (cuyo impacto ecológico por cierto, era menor al del Tren Maya); y en lo militar, mejor no profundizar, pues no se tiene el menor interés por actualizar y más aún contar con un equipamiento respetable para la defensa de un país.

La diplomacia mexicana está atrapada. ¿Cómo perseguir el interés nacional si se está en una situación de grave debilidad? Debilidad militar, debilidad económica, un Servicio Exterior que dejó de ser exclusivo de profesionales de las Relaciones Internacionales. Debilidad exaltada por la corrupción interna, la demagogia, el nepotismo y el amiguismo, y la absurda ortodoxia ideológica que muestran los gobiernos que se abanderan con «el cambio» y que nunca resulta beneficiosa, y menos en la política exterior, que debe ser una política de Estado, no algo que cambie cada seis años, no algo en lo que sea más importante ser “solidario” con los regímenes similares de otros países, que defender lo que le conviene al propio. Es menester que haya políticas a largo plazo, políticas de Estado… reiterando que en el plano externo eso es aún más importante, porque transciende las inclinaciones ideológicas en aras de algo llamado Interés Nacional.

La Política Exterior de México se hunde más y más y el asunto sigue sin despertar el interés de los gobernantes. El único destino al que puede llevar tal abandono de una materia tan importante es el aislamiento, y su respectiva consecuencia de empobrecimiento, y de aún mayor servilismo a la potencia en turno. Aislamiento, lo que en tiempos de tanta globalización (que NO se va a detener pese a las ilusiones de muchos) es extremadamente dañino para un país.


Carlos Adrián Caballero

Internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México.

@Carlosrodizcab

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