La integración del ciberespacio a las operaciones multidominio

El ciberespacio se ha convertido en un tema relevante en las investigaciones de seguridad y de defensa debido a que ofrece muchas herramientas para infligir daño, de modo que su estudio y desarrollo con propósitos bélicos se encuentre en las agendas gubernamentales de distintos Estados para adquirir ventajas reales con respecto a otros enemigos y adversarios que consideren un peligro y/o riesgo para su interés y seguridad nacionales.

La conquista por el espacio virtual cada vez, y de manera acelerada, adquiere mayor dinamismo por tres puntos claves: el primero es por la necesidad de generar y concentrar ciberpoder; el segundo consiste en la lucha por tener el control de la infraestructura que permite el intercambio de datos; y el tercero, por las ventajas que provee al complejo industrial-militar en materia de innovación y desarrollo tecnológico para su posterior integración en las operaciones multidominio.

El ciberpoder, al igual que el poder tradicional, debe ser ejercido en contra de otros participantes -entiéndase todo aquel que se integre al ciberespacio- para someter y controlar una fuente de alimentación vital: los datos y los sistemas informáticos.

El ciberespacio tiene características peculiares que lo hacen muy atractivo para realizar acciones ilícitas o punitivas en contra de los dispositivos electrónicos de cualquier persona, institución, organización o empresa, por lo que, con un bajo costo para quien efectúa el ataque, se puede causar daño.

Por otra parte, realizar un ataque cibernético es difícil de identificar y dota de grandes beneficios a quiénes los llevan a cabo, particularmente por el anonimato que ofrece, razón por la que es complicado determinar de dónde proviene, además de que en la mayor parte de las ocasiones, el objetivo de vulnerar, robar (datos), realizar acciones de espionaje cibernético, modificar información o destruir los dispositivos, casi siempre es efectivo.

Un problema crítico es que el desarrollo de capacidades bélicas en el ciberespacio genera incertidumbre entre las unidades del sistema internacional, si hay incertidumbre, entonces existe desconfianza ante todos, lo que permite que se cree el escenario ideal para el desarrollo del dilema de la seguridad.

En esa tesitura, la desconfianza genera inseguridad, y esta causal hace que las unidades de dicho sistema se vean obligadas a competir en un escenario donde prevalece la anarquía, de modo que si uno incrementa su seguridad, otro hará lo mismo con tal de minimizar riesgos.

El ambiente anárquico y el aumento gradual del dilema de la seguridad supondrían una eventual confrontación entre las unidades; no obstante, el ciberespacio no es un lugar físico, el escenario se desarrollaría en un entorno virtual, de modo que una guerra convencional no aplica, pero sí a lo que algunos especialistas en la materia denominan ciberguerra.

Una guerra regular implica la confrontación entre los ejércitos de dos o más Estados en un espacio geográfico, es decir, en el entorno físico; sin embargo, en el ciberentorno, como espacio virtual, sí existe una variante que es la aplicación de datos y códigos como medida ofensiva para vulnerar y destruir infraestructuras críticas.

Aproximación a las operaciones multidominio

Las condiciones del mundo convulso en el que vivimos requieren de cambios, más porque suceden en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial, siendo la inteligencia artificial, el internet de las cosas, el big data, la realidad virtual y aumentada, los insumos para adaptar las tecnologías disruptivas a las operaciones en el ámbito militar. Dicho escenario hace posible que exista la llamada Revolución de los Asuntos Militares, la cual centra su motivación y objetivo en adaptar las doctrinas clásicas al contexto tecnológico del siglo XXI con el fin de obtener mejores resultados en las formas de combatir contra otros adversarios.

Por lo tanto, es preciso señalar que son diversos los actores que tienen presencia en los distintos dominios de guerra, pero para hacer comprensible la idea de los dominios, es indispensable detallar cuáles son.

El primer dominio de guerra es aquel que tiene como base la plataforma terrestre, el lugar donde se han librado la mayor parte de las guerras entre ejércitos. En términos estratégicos sigue teniendo un rol preponderante debido a que es el espacio en donde los Estados tienen su razón de ser, es decir, la ocupación de los territorios y la explotación de los recursos que ofrece.

El segundo dominio es el marítimo, el lugar en el que se conducen los barcos de guerra, submarinos, portaviones, entre otros. Este espacio brinda enormes ventajas a los combates en tierra, pues no sólo permite el transporte de tropas, también se pueden realizar ataques desde dicho lugar con impactos en el espacio terrestre.

El tercero es al aéreo, el cual provee ventajas significativas debido a que hace más eficiente el despliegue de tropas hacia el primer y segundo dominio, además de que brinda la oportunidad de efectuar ataques con mayor precisión al sobrevolar los dos espacios antes referidos.

El cuarto es el espacio ultraterrestre o mejor conocido como espacio exterior, en el que no se ha generado un combate directo entre ejércitos, pero que está en constante desarrollo por ser un dominio clave en cuestión de telecomunicaciones satelitales.

El quinto es el ciberespacio, que por sus características y herramientas, puede ser empleado con fines bélicos. La incorporación del llamado quinto dominio de guerra ha generado críticas y mucho debate en los estudios de seguridad, de defensa y en las doctrinas militares tradicionales porque significa un espacio fuera de lo real, de lo físico. Hablar del ciberespacio desde el ámbito militar es cambiar la forma de ver y de percibir la manera en que se combate y/o se confrontan los ejércitos. Aunado a ello y teniendo en consideración que un dominio complementa a otro, su utilización hace posible realizar acciones ofensivas y defensivas, ya sea en el espacio físico o virtual.

Lo anterior es clave si se considera que la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en la Cumbre celebrada en Varsovia en el año 2016, reconoció al ciberespacio como un nuevo dominio de operaciones al igual que la tierra, mar y aire. Esto significa dos cosas: el espacio cibernético es una zona de conflicto y un escenario de poder.

A la combinación de los cinco dominios se le conoce como “Operaciones multidominio”, el cual es un concepto reciente y en desarrollo. En diciembre de 2018, el Ejército de los Estados Unidos (US Army, por sus siglas en inglés) publicó el documento denominado The US Army in Multi-Domain Operations 2028, que señala la necesidad de fortalecer las capacidades de los cinco dominios para afrontar los peligros que representan nuevos actores.

Es oportuno mencionar que la operación conjunta de los dominios representa oportunidades para los ejércitos ante amenazas como el crimen organizado y grupos terroristas; no obstante, también figura como peligro para la seguridad nacional e internacional, toda vez que, al especializarse las maneras de ejercer coerción por parte de las fuerzas armadas, otras hacen lo mismo. Esto puede verse como un factor que tiende a la disuasión, pero no inhibe el peligro de una confrontación de tal dimensión.

En el entendimiento del argumento anterior y dado el contexto de innovación tecnológica que avanza de forma acelerada desde el inicio del siglo XXI, se puede destacar que el ciberespacio impulsa la necesidad de realizar reajustes y reconceptualizaciones en las estructuras militares tradicionales con el fin de tener una mejor efectividad ante posibles antagonismos hacia su seguridad nacional.

Dicho cambio no es sencillo de llevar a cabo, pues para los países que tienen un gran componente militar en términos de capital humano, es necesario contar con financiamiento para invertir en investigación, reformar leyes, adaptar las estructuras en cuestión de jerarquías, entre otras consideraciones; no obstante, es pertinente señalara que la transición será obligatoria para los países que sigan adaptando más tecnología en sectores estratégicos y/o críticos.

La integración del ciberespacio a las operaciones multidominio brinda un valor agregado a los demás dominios por la facilidad de penetrar en los sistemas del enemigo, sin utilizar, de manera física, a soldados como en épocas anteriores.

Un objetivo estratégico siempre serán los sistemas de comunicaciones del enemigo, entonces, a manera de ejemplo hipotético, un ataque multidominio sería el siguiente: utilización del ciberespacio mediante la aplicación de un código sofisticado que primero permita vulnerar la defensa de los sistemas informáticos de las comunicaciones que tiene una base militar con su departamento de defensa, o en su defecto, con quien le ordene cómo actuar. Lo segundo consiste en emplear los sistemas satelitales para brindar imágenes en tiempo real de la zona, así como drones que permitan tener una mejor visualización del objetivo a atacar. La tercera es la movilización de tropas que, dependiendo de la situación, implicaría la operación en sincronía del dominio aéreo y marítimo con el terrestre.

Por lo tanto, la adaptabilidad de las doctrinas militares tendrá cambios sustanciales en términos estructurales y de arte militar para el empleo de mejores estrategias y tácticas en el ámbito operativo. Esto supone oportunidades, pero también riesgos reales para todos porque el ciberespacio es una plataforma en la que gran porcentaje de seres humanos navegan a diario para realizar sus actividades a través de internet.

La integración del ciberentorno a cuestiones bélicas puede causar inestabilidad en el sistema internacional debido a que puede alterar la paz y seguridad internacionales, el mayor ejemplo de esto es la arquitectura y diseño de los virus Stuxnet y WannaCry, los cuales dan evidencia de ser armas cibernéticas creadas por Estados.

Para finalizar, es preciso alertar que en un sistema internacional anárquico, la competencia entre sus unidades obliga a los demás a realizar acciones similares, por tal razón resulta entendible la disputa entre China y los Estados Unidos respecto a la pelea por el liderazgo y hegemonía de la red 5G. El que tenga la infraestructura, domina la red, el que domine la red, tiene el control de los datos, quien domine los datos tendrá mayores insumos para generar inteligencia estratégica que brinde mayor efectividad en la realización de las operaciones multidominio. Así es el mundo convulso en un entorno de competencia tecnológica en donde el tiempo es una variable que resulta vital.


Jorge Luis Aguirre Ramírez

Internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha participado en diversos foros e impartido cursos en temas de seguridad nacional, seguridad internacional y ciberseguridad.

@JLuisAguirrer

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