El problema de México ante la pandemia

Muchos probablemente en estos días estemos viendo las gráficas y la mortandad de la enfermedad, algunos quizás mas cerca que otros, y tras eso, veamos las conferencias y las acciones de reapertura de actividades del gobierno y digamos «¡Hey! Esto no es congruente»

Pero, creo que lo que hay que pensar no es la congruencia, sino como terminamos así. Y es que todo esto deriva desde el 20 de marzo del 2020, quizás, desde antes.

El problema hemos sido nosotros todo el tiempo, y he aquí el porque. ¿Recuerdan que en febrero estábamos casi cantando de felicidad por el hecho que el coronavirus no llegaba al continente americano? Hasta nos poníamos en la cabeza excusas relacionadas a que la temperatura de nuestras tierras era el freno suficiente para la enfermedad, lo admito, yo también fantasee con esa idea en un comienzo.

Luego tuvimos el golpe de la realidad. La enfermedad llegó, se manifestó, y nos golpeó. Recuerdan como muchos adjudicaban la llegaba al crucero que AMLO dejó atracar en nuestras costas cuando otros países se lo denegaron; no obstante, el golpe vino desde el norte, y pronto, todos comenzamos a fantasear, quizás con mas razón y sustento esta vez, que la enfermedad venía de los «riquillos», que solo los que viajaban podían tenerla, porque de otra manera ¿Como podría haber llegado al país? Y nosotros, «pueblo humilde, raza de bronce», gente trabajadora de escasos recursos ¿Como podríamos costear un viaje o tener contacto con personas de semejante ralea?

Como sea, la enfermedad se transmitió en todos los estratos eventualmente, y comenzó a trabajarse en una estrategia para ello, las empresas comenzaban a mandar ciertos elementos de personal a labores Home-office, pero las actividades aún eran necesarias y por necesarias, seguimos ahí.

Sin embargo, los infectados iban subiendo y era claro que tenía que frenarse todo; las escuelas adelantaron vacaciones y las expandieron de forma ligera al principio (un mes). Menos movimiento, menos gente, pero no era suficiente, pronto, la cuarentena fue esparciéndose entre los negocios. Algunos ya plenamente establecidos y algunos otros, individuos mas astutos, comenzaron a implementar sus negocios en servicio a domicilio y ventas en línea, esos negocios han proliferado relativamente bien en algunos casos.

Eventualmente, la cuarentena fue obligatoria para casi todos y el 1 de abril del 2020, todos tuvimos que quedarnos en casa, pero ahí entra la cuestión ¿Cuantos lo hicimos? Lo cierto, es que no tantos y no tanto como nos gusta asumir. Están aquellos cuyos trabajos no se los permitían, negocios esenciales que eran necesarios sí o sí y otros que aprovecharon vacíos legales para mantenerse abiertos, más algunos otros que abrían de manera clandestina y algunos de estos últimos fueron clausurados.

Pero también, es cierto que muchos solo subsisten de lo que tienen, y algunos sus empresas no los apoyaron lo suficiente, o no los apoyaron en lo absoluto, o ni siquiera tenían empresa que los apoyara, estaban forzados a trabajar quisieran o no, y por ende, salían, y así, el flujo de gente disminuyo, pero no como se hubiese deseado.

Al principio, lo que movió a México fue el pánico, compras ridículas y filas inmensas, después las conferencias, ahí estábamos todos siguiendo de forma cuasi religiosa a Gatell y a AMLO y lo que tuvieran que decir sobre la enfermedad; teníamos cerveza, refresco, comida en el refrigerador y papel higiénico de sobra. Después, mandaron a las industrias del alcohol a cesar actividades pues no son prioritarias, y he ahí donde comenzó el verdadero aumento, porque el mexicano sin vicios es un mexicano aburrido y el mexicano aburrido simplemente, buscará ocio de una manera u otra.

Así es, el declive de esta estrategia venía de dos cuestiones: los vicios y el pánico. Pánico provocado por una enfermedad desconocida y vicios que sustentaban nuestra apatía. Sin vicio, el pánico aminoro y en todo caso, el estar encerrados y no ver nada, hizo que otros pensaran ¿Por qué? Ahí aparecieron las noticias falsas, los rumores, los chismes y esas fastidiosas cadenas de Whatsapp con noticias desde lo inocuo como tés e infusiones para «curar» la enfermedad, hasta noticias de las que antes nos reíamos como que las antenas 5G causaban la enfermedad, y que ahora no les parecían tan cómicas ni tan descabelladas a ciertas personas.

Venían fechas importantes, queríamos aprovecharlas; la pizza para el niño, el pastel y las flores para la madre, algún cumpleaños chiquito, estar afuera con los vecinos, nos aburríamos de las limitaciones y no veíamos que la enfermedad nos golpeara. El pánico se volvió hastío, y el hastío se convirtió en desesperación, además, nadie mantiene al trabajador que no trabaja ¿Cómo se mantiene? ¿Cómo aguanta? De repente se veían esos encabezados tan risibles: filas enormes por que una tienda tenia cerveza, filas enormes en pizcarías y tiendas de comida rápida, tianguis aun llenos, gente haciendo fiestas grandes y en el mejor de los casos, siendo capturados in fraganti por la policía. Además, el cubrebocas es un fastidio todo el tiempo, no se respira bien, y molesta el área de nariz y boca tras un rato. Muchos lo comenzaban a usar de forma errónea y es cierto que los transportes obligan al abordar el usarlo en varias partes, pero tan sencillo como ponértelo medio bien o solo llevarlo, y el chófer, que no puede hacer gran cosa, solo te deja pasar y una vez dentro, puedes reírte en su cara y quitártelo, mofándote de la ley y abrazando la corrupción que tanto detestas que usen en contra tuya, pero adoras tú mismo implementar.

Aún así, los casos diarios y la mortandad estaban reguladas, ¿Qué pasó entonces? Junio llegó, eso paso. Si se suma todo lo anteriormente mencionado y le dicen a esa gente con múltiples circunstancias: «Chicos, ya terminó la jornada de sana distancia, ahora nos guiamos en los semáforos y comienza la reapertura gradual», el resultado es que desde el fin de semana del 29 de mayo en la CDMX ya veíamos mas gente y vehículos en las calles que en tiempos de la cuarentena ordinaria y a partir de junio mas gente seguía saliendo, y obviamente, la mortandad ascendió, y los casos han ido en aumento, así como la ocupación de camas, porque una cosa es el nivel federal, otra el nivel estatal y otra muy distinta es cuantas y cuales están disponibles cerca de ti, y los rumores seguían haciendo lo suyo.

Pero la gente pedía reapertura, pedía el fin de todo esto, se volvían mas negligentes, el «pico» que Gatell anunciaba siempre parecía venir pero nunca llegar ¿Y cómo llegaría si antes estábamos encerrados y ahora afuera solo lo disparábamos más y más con nuestras acciones? Y el gobierno también necesita reactivar los negocios, de modo que, listos o no… ahí vamos. Y efectivamente, los han ido reactivando, aunque el panorama no sea el más favorable y se dirija a peor, porque la gente necesita dinero, y necesita creer que ha terminado todo esto, pero no es así, y no ha terminado porque la gente cree que ya lo ha hecho, por que nos cansamos de recordar pandemias pasadas y decimos «Hay que seguirle, hay que chambearle», la gente solo vio unas pocas palabras, querían normalidad, y normalidad es la de ayer como la de hoy, el mismo México donde importa mas el puñal conocido que el virus invisible, se cansaron de la opresión, y los movimientos extranjeros solo movieron más esa semilla.

Ya no pensábamos en el Covid 19, si no en Anonymous y en George Floyd, en cuanto odiamos a la policía y en las múltiples injusticias del mundo, y eventualmente tomaron como estandarte a individuos que fueron muertos por no acatar las medidas, y la violencia fue mayor en México, como solo las protestas modernas han podido serlo, y como es claro, las autoridades han sido tibias al respecto, sin sanciones, sin virus evidente, con luchas violentas y necesidad económica ¿Qué importa llevar cubrebocas? Total, me lo pongo en la papada para descansar y ya luego lo uso bien o me lo pongo bajo la nariz y si me dicen algo, ya lo uso bien hasta que dejen de mirarme.

Si lo notan, algunos problemas vienen desde antes en México, pero el país no tomó las medidas apropiadas para lidiar con esos casos, pero ¿Cómo podría? Hay cosas sobre la que el miedo no es capaz de luchar, como la corrupción del ciudadano promedio, ese odio a la autoridad, hay cosas contra las cuales poco se puede hacer, después de todo, ¿Cuánta gente no vive al día en estos tiempos? Y pese a ello, algunos eligen el lujo antes que lo prioritario.

No, la cuestión no es que salieran, la cuestión es como salían y como se manejo, la cuestión es una mala comprensión quizás deliberada de la ciudadanía, la cuestión es una desesperación y una presión del propio pueblo para retornar a sus actividades, la cuestión fue que nos cansamos de ser cuidadosos y elegimos vivir en un riesgo constante.

Y la cuestión al final sera ¿Cuántos habremos muerto para que sus negligencias al fin puedan ser sancionadas? Estuvimos en cuarentena para evitar saturar el sistema de salud, pero solo bastaron 7 días para notar que eso fue tan fútil como absurdo, pues todo el sacrificio de 2 meses, se vino a pique por el descuido de la gente, y a este paso, ¿Qué puedo decir? Con el decadente sistema de salud mexicano, y la tragedia del mexicano, mitad ignorante, mitad desesperado, lo que nos espera puede ser leguas peor.

Aunque quizás, sea eso lo que necesitemos… después de todo, la pandemia ha cambiado al mundo y su forma de hacer las cosas. México se ha rehusado a cambiar, pero cambiaremos, los efectos de esta enfermedad simplemente son demasiados para que podamos ignorarlos en nuestra rutina.


Guillermo Ramírez Galeana

Sociólogo por la Universidad Autónoma de Guerrero.

kaisercosmius@gmail.com

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