Sobre Cultura Femenina, a 70 años de su defensa

A principios de año se publicaron artículos conmemorando el natalicio de Simone De Beauvoir, además del setenta aniversario de la publicación de un libro que marcó un hito dentro del feminismo y  ha sido un libro clave dentro del mismo, El Segundo Sexo. Sin embargo, es necesario resaltar que no sólo este libro es una gran referencia para el feminismo en México o a nivel mundial sino dentro de la filosofía mexicana particularmente, a la par de la existencia de esta obra, nos encontramos con un texto que ha sido poco valorado y que es necesario (re)descubrir a la luz del rescate de nuestras filósofas; la tesis de licenciatura de Rosario Castellanos, Sobre Cultura Femenina.

Esta obra como he mencionado en líneas anteriores no ha tenido la valoración adecuada que merece y tampoco, ha sido tan conocida como algunas otras obras de la autora, quizá esto se debe a que es «categóricamente» un ensayo filosófico y, considerado uno de los primeros ensayos de género. Es claro acordar que la mayoría de los intelectuales sólo han contemplado a Castellanos desde el ámbito de la literatura. Aunque en los últimos años, existe una preocupación por el rescate de su figura como intelectual y desde otros ámbitos disciplinares, los cuales permite construir una historia intelectual de las mujeres en México.

Rosario Castellanos (1925-1974) fue una escritora e intelectual de gran valía, puesto que sus escritos —novela, poesía, cuentos y ensayos— proyectaron una fuerte crítica al presente y también al mismo pasado.  Y el primero de ellos fue Sobre cultura femenina. «La sesión, efectuada el 23 de junio de 1950 en el aula José Martí del edificio de Mascarrones, antigua sede de la Facultad de Filosofía y Letras, se inundó de carcajadas. Los miembros del sínodo —profesores Eusebio Castro, Paula Gómez Alonso, Eduardo Nicol, Leopoldo Zea y Bernabe Navarro— no podían contener la risa ante los retruécanos que la sustentante introducía en la discusión filosófica».

La fecha de presentación de la tesis de nuestra autora nos muestra el contexto en el que se circunscribe debido a que, en el ámbito cultural, el Hiperión, como grupo intelectual habían iniciado una corriente importante del pensamiento filosófico mexicano mediante el estudio de lo mexicano y del mexicano que desencadenaría todo un movimiento identitario-nacionalista —y ese año en particular, este movimiento se encuentra el clímax—. Por lo que el auge del nacionalismo permeó todos los ámbitos culturales—pintura, escultura, literatura, etc.— y se desarrollaron una infinidad de conferencias y trabajos entorno a este problema. Castellanos inmersa en este mundo regido por los hombres escribe su obra filosófica.

El  mundo que para mí está cerrado tiene un nombre: se llama cultura. Sus habitantes son todos ellos del sexo masculino. Ellos se llaman a sí mismos hombres y humanidad a su facultad de residir en el mundo de la cultura y de aclimatarse en él. Si le pregunto a uno de esos hombres qué es lo que hacen en él y todos sus demás compañeros en ese mundo me contestará que muchas cosas: libros, cuadros, estatuas, sinfonías, aparatos, fórmulas, dioses.

La tesis central que postula nuestra autora es que la cultura ha sido un ámbito de exclusión para las mujeres que se cimienta en la creación e imposición de valores masculinos y que si las mujeres han empezado a adentrarse en este ámbito se debe a la masculinización de su ser a ellos. La lectura que hago con respecto a la propuesta de Castellanos se basa en su peculiar tipo de escritura y el uso de un elemento retórico muy recurrente, la ironía. Este recurso funciona como estrategia de subversión, las cuales son «modalidades del discurso literario que hacen tambalear los presupuestos establecidos sobre lo que significa lo femenino (constructos social y cultural); desmantelan los relatos y mitos universalizantes dirigidos y adjudicados a la mujer; cuestiona y destronan la poética patriarcal».

«Sé, por ellos, que la esencia de la feminidad radica fundamentalmente en aspectos negativos: la debilidad del cuerpo, la torpeza de la mente, en suma, la incapacidad para el trabajo. Las mujeres son mujeres porque no pueden hacer ni esto ni aquello, ni lo de más allá».  En estas líneas se ejemplifica el juego subversivo que hace nuestra autora y  hace una referencia a los discursos desde los cuales pensadores, filósofos, científicos han construido la imagen de las mujeres y si tomamos una lectura literal de este escrito de Castellanos podríamos caer en una interpretación errónea donde el desenlace nos diría que una de las razones por las que las mujeres optamos por la cultura es « […]  que estas aisladas tentativas culturales entre las mujeres tienen el mismo origen que los sistemáticos endémicos brotes culturales entre hombres y representan la misma compensación. La cultura es aquí, como allá, el refugio de quienes han sido  exiliados de la maternidad».

Es claro que Rosario Castellanos hace una fuerte crítica sobre lo femenino establecido partiendo de una imagen/idea de la mujer creada a través de la historia, la cultura y la sociedad bajo premisas biológicas y que para los años cincuenta seguían —y siguen—operando debido a que estos aspectos han sido base para asignar roles en los cuales podría ser participe la mujer y, claramente la cultura es un campo vedado, aunque ahora no lo es tanto. «Muchos autores han querido hacer de la mujer una especie de poder tras el trono o de diablo tras la cruz, y de la cultura una especie de enfermedad que como la hemofilia, las mujeres no padecen pero la trasmiten». Cabe aclarar que muchos de los planteamientos que vierte en esta obra son similares a los esbozados por Simone de Beauvoir en su Segundo Sexo, no obstante, Castellanos lee este libro después de la publicación de su tesis.

La similitud entre Castellanos y Beauvoir lleva a Graciela Hierro a considerar a ambas como «madres simbólicas del feminismo»: «La resistencia de ambas para embarcarse en la temible empresa de hablas de mujeres, siendo mujeres. Se viola así uno de los más terribles tabús a los que nos enfrentamos las feministas. Desafiar a la cultura androcéntrica desde el más venerable saber: “Las filosofías de los hombres”». Es decir, tanto Beauvoir como Castellanos el hablar sobre lo que concierne a las mujeres desde las mujeres para su época fue una manera de romper y visibilizar las condiciones de las mismas a nivel social y cultural, claro desde distinta latitudes.

Por otra parte, existe una segunda lectura —desde una consideración propia—que se puede desprender del contexto en el que nuestra autora defendió y publicó su trabajo. Como se ha recalcado a lo largo del escrito, el Hiperion fue un grupo importante dentro de la cultura en México y su principal tarea consistía en:

[…] exponer el nivel que actualmente alcanza en México la reflexión sobre nuestros propios valores, ya sea que pretenda fijar y descubrir el “ser” del mexicano o apunte a una descripción meramente psicológica de su carácter. No pretendemos, naturalmente, ofrecer aquí una imagen acabada de nuestra realidad. Se trata más bien de un esbozo, tal vez del mero presentimiento de un vasto campo en el que una investigación ulterior, que proyectamos, pudiera cosechar frutos insospechados.

En otras palabras, más allá de las pretensiones del análisis sobre los modos de vida, actitudes y particularidades de los mexicanos que elaboraron los Hiperiones lo que verdaderamente se estudiaban era los valores —estos responden a un sujeto en específico dentro de una marco epocal en concreto—; creados por y para el mexicano con relación a su ser y con ello, hacia la cultura. ¿Será que Rosario Castellanos de algún modo esté interpelando en esta valoración de lo mexicano con respecto al papel de la mujer? «El hombre construye así otra vez el universo con el cimiento de los valores, y mediante el proceso cultural reduce el macrocosmos a microcosmos creados por y para el mexicano con relación a su ser y con ello, hacia la cultura».

Nuevamente la problematización de lo femenino establecido que sostiene Castellanos en su escrito se presenta, pero ahora se inserta dentro de un contexto espacio temporal específico, el mexicano. Surgiendo de este modo una imposición atributiva que oprime y subyuga el papel de las mujeres, no sólo a nivel cultural sino también político, social y, por su puesto económico. El mexicano al igual que los demás hombres han dotado a las mujeres de expectativas y parámetros que se reflejan en los roles sociales, familiares y culturales permitidos para éstas, sin embargo, dentro del universo de lo mexicano, la existen de un valor que es muy presente dentro de lo femenino establecido es un puente que produce y reproduce las diferentes opresiones de la mujer mexicana: la abnegación.

En México, cuando pronunciamos la palabra mujer nos referimos a una criatura dependiente de una autoridad varonil: ya sea la del padre, la del hermano, la del cónyuge, la del sacerdote. Sumisa hasta la elección del estado civil o de la carrera que va a estudiar o del trabajo al que se va a dedicar; adiestrada desde la infancia para comprender y para tolerar los abusos de los más fuertes, pero también para restablecer el equilibrio interior tratando con mano fuerte a quienes se encuentran bajo su potestad, la mujer mexicana no se considera así misma ⸺ ni es considerada por los demás⸺ como una mujer que haya alcanzado su realización si no ha sido fecunda en hijos, si no la ilumina el halo de la maternidad.

Dentro del texto nuestra autora descarta cualquier tipo de consideración feminista de ella y de su obra. Más considero que su papel como naciente intelectual consciente de su circunstancia dentro de la realidad mexicana y de la condición que es partícipe le permite apreciar las dificultades que tienen —tenemos— las mujeres a pesar de haber conquistado algunos espacios y derechos.

Su pensamiento nació con una visión de mundo y una toma de posición frente a él desde su condición de género. Así, su obra creativa y periodística se originó con la conciencia de un compromiso social consistente en dar testimonio objetivo y veraz de su época […] Fue una intelectual-escritora, primero que nada, debido a su concepción de que la literatura no es un fenómeno estético aislado […] sino una forma de conocimiento de la realidad mexicana.

Con relación a la recepción de la tesis de Rosario Castellanos, podemos mencionar que no fue la mejor debido a que como he mencionado anteriormente el tema en boga era lo mexicano y aún los temas de género dentro de la academia mexicana no estaban tan presentes. De 1950 a 1980 sólo se tienen dos reseñas conocidas; la primera de 1977, elaborada por Margit Frenk titulada «Sobre cultura femenina» que salió en un suplemento de la Revista Novedades llamado México en la Cultura, mientras que la segunda fue publicada en Fem. Publicación Feminista Trimestral en 1979 con el nombre de «La tesis de Rosario Castellanos» y escrita por Graciela Hierro. Ahora, desde hace algunas décadas, la recuperación de esta obra de Castellanos ha permitido que mujeres de todas las latitudes y disciplinas se acerquen a una problemática que nuestra autora hará presente en ensayos periodísticos, poemas, cuentos y novelas y, que en este escrito hace un primer esbozo, la mujer y lo femenino establecido.

A setenta años de la defensa y publicación de Sobre Cultura Femenina podemos conocer y realizar con profundidad lecturas e hipótesis que nos permite reflexionar y entender que dentro de nuestras fronteras también existen pensadoras excepcionales, las cuales tuvieron que abrirse un espacio que estaba confiado a los hombres. Sin duda, la lectura de esta obra ilustra un aspecto más de la vida intelectual y de una de las principales inquietudes de Rosario Castellanos.


Joselim Jandeth

Licenciada en Filosofía por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Maestrante en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus áreas de investigación son la Filosofía y la Historia de las ideas en Latinoamérica, así como el pensamiento filosófico de mujeres.

joshihj@hotmail.com

Publicado por CELAEI

Somos un Centro de Investigaciones Interdisciplinarias fundado en México, con vocación latinoamericanista.

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