Marginalia sobre Vladimir Putin, el Día de la Victoria y la geopolítica. Crimen sin castigo

En un plan de campaña debe haberse previsto aquello que el enemigo puede hacer, y el mismo plan debe contener los medios para descubrirlo. Los planes de campaña se modifican hasta lo infinito, según las circunstancias y el genio del jefe, de la naturaleza de las tropas y la topografía del teatro de la guerra.

II Máxima de Guerra de Napoléon I

Vladimir Putin es una figura central en el escenario geopolítico internacional. En esta materia, quien desea ejecutar una acción de peso analiza el comportamiento de Rusia e intenta pensar cuál sería la reacción de este personaje al respecto. La influencia que tiene es suficiente para considerarse dentro de la lista de personas con mayor acumulación de poder en el mundo; se recurre a la figura de una persona que representa a la nación que hereda la potestad para sustentarse como la vencedora del nacismo en el mundo un 9 de mayo de 1945.

Dicha fecha es considerada por los rusos como El Día de la Victoria (День Победы), evento que suponen no sólo es una fiesta nacional, sino que le pertenece a un mundo por el que se perdieron más de 20 millones de vidas soviéticas, héroes nacionales unos no identificados, desconocidos pero conmemorados igual.

El Día de la Victoria significó entre muchas cosas dos en especial, la más evidente recae en la derrota del ejército Nazi, ésta permanece como un (macro)evento de la gran historia rusa, el cual llena de orgullo y nostalgia a los paisanos de Fiodor Dostoyevski; mientras que la segunda, si bien tiene una base histórica, está aún presente, se mantiene viva en muchos imaginarios: ver a Rusia como el rival eterno de Estados Unidos y en ese tiempo, algunos observan a la primera aún como Unión Soviética, esto último dista mucho de serlo.

La primera confrontación que existe (sí, es presente aún) entre estas dos naciones y que tiene impacto ideológico, es resolver la pregunta ¿Quién derrotó a Hitler? ¿Los Europeos? ¿Estados Unidos (EE. UU.)? ¿La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)? ¿La humanidad? ¿Los mismos alemanes incluso?

El 9 de mayo se asimiló por consenso como una fiesta nacional no por los desfiles de conmemoración, sino porque después de la Segunda Guerra mundial (SGm), los sobrevivientes conocían o tenían a familiares directos que participaron en la confrontación, por eso es un día de vincere (vencer, obtener la victoria), donde las razones y argumentos no se consiguieron escarbando o haciendo filmes de fácil reproducción y proyección, sino que existían en la cotidianidad de los soviéticos vivos después de la SGm; el concepto de vencer acompañó desde entonces el imaginario soviético.

No es de extrañar que las acciones de EE. UU. tengan una especial forma verse por los rusos, la cual se acrecentó después del desencantó de la luna de miel con Occidente iniciada desde antes de Mijail Gorbachov, pese a que él firmó el acta de defunción de la URSS; cuando esto se trae a la actualidad (mayo de 2020) resulta claro el porqué después de la llamada de conmemoración por el 75 aniversario de la victoria entre Donald Trump y Vladimir Putin, el ejército estadounidense después bloquea una columna rusa en Siria; el conflicto continua vigente.

De regreso a las notas sobre el Día de la Victoria, la figura del general Gueorguí Zhukov, que como se sabe, recibe la rendición incondicional de Alemania firmada por Wilhelm Keitel, colocó al Ejército Rojo como una institución guía y ejemplo de la disciplina militar mundial, pero a la vez en una posición de nuevo enemigo a superar y vencer; la reorganización de los ejércitos fue inminente ante este acto político, combinado claro está con el disuasivo encabezado por EE. UU. que inició la carrera nuclear con el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre las poblaciones japonesas Hiroshima y Nagazaki.

Así, un cúmulo de elementos fortalecieron en Rusia el regreso a la celebración oficial del 9 de mayo, después de ser cancelada tras la disolución de la URSS y el mantenimiento en el poder atlantista en Rusia; Vladimir Putin dio a esto un golpe de timón en el 60 aniversario, cuando el país euroasiático ya figuraba de nuevo como potencia mundial y comenzó entonces a contener de manera más continua los enfrentamientos de Occidente.

Vladimir Putin es el rostro de un proyecto de la reconstrucción permanente de Rusia, una reinvención que mira con nostalgia el pasado, pero que no requiere regresar a éste como un mantra, hacer este manejo de los tiempos es un recurso que el presidente ruso maneja a la perfección. El mismo señala que la disolución de la URSS es la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX, al momento que advierte que tampoco se pretende regresar a ella, sino aprender de ella.

Canalizar de manera política las victorias en el extranjero es una de las habilidades políticas más desarrolladas por Vladimir Putin. Fue un error de analistas de la realidad internacional identificarlo como una de las reminiscencias de la Guerra Fría experimentada en el siglo XX, su papel es más que el de un actor principal en el nuevo juego de ordenamiento mundial.

Elementos de transversalidad como la venta de combustibles, tecnología y armamento sustentan una estrategia de posicionamiento mundial de las empresas rusas más importantes, basta señalar a Gazprom, Rosatom, Sberbank, Lukoil y Rosoboronoexport, que junto a su cartera de inversiones realizan un trabajo de logística fundamental para propiciar el colapso de instituciones heredadas de la bipolaridad como la Organización del Tratado Atlántico Norte, sentenciada a la obsolescencia después de sólo fungir como público en la aventura bélica de Turquía en Siria durante 2019.

Que V Putin se mantenga en el poder implica también que sus opositores occidentales vean con alarma que la relación sino-rusa tiene más tiempo para fortalecerse y generar pensamientos alternos al tradicional con un componente de alcance espacial cada vez más grande, al respecto hay que observar que el presidente ruso utiliza un discurso de la soberanía de Internet, medio que se sabe fundamental en el proceso bélico mundial cotidiano, sobra decir que en Francia se replica esta política. En este contexto es de destacar que en el país de Pushkin ya está aprobada una Estrategia Nacional para el Desarrollo de Inteligencia Artificial, de cara a lo que ya se llama capitalismo digital.

Varias son las estrategias de poder que se implementan desde el Kremlin, el impacto de la política exterior empleada llega hasta el continente americano, la deuda que incrementa en Venezuela es parte de ello, muestra de que su alcance no se limita a Medio Oriente en donde ya quedaron atrás los vestigios que EE. UU. pretende mantener como la Doctrina Carter. La posición rusa en Cuba y Venezuela implica que la Doctrina Monroe está desde hace años sobreviviendo con respirador artificial para enfrentar el establecimiento militar ruso en Isla La Orchila, acto inaudito en el siglo pasado.

Uno de los ejes que articulan la acción rusa en los diferentes escenarios es la venta de armas, lo mismo se ve en América que en África, en este último el presidente ruso señaló que se requieren «Soluciones africanas a problemas africanos» que dejen de lado las condiciones esclavizantes de Occidente, propias de hacer negocios.

Punto importante a remarcar, ya que según el tanque de pensamiento sueco Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI, 2019) dio a conocer que 10 empresas rusas de armamento se encuentran en el llamado Top 100 por ventas de equipo militar en el mundo, de esta manera los rusos alcanzan ingresos por esta actividad de 36.2 millones de millones de dólares, resultado de su plan de modernización militar 2011-2020.

El alcance militar ruso no es un hecho aislado, se comprender desde la estrategia de consolidación de alianzas estratégicas que implican ver a sus socios como un elemento fundamental para la consolidación de su poder en el mundo. Al respecto se explica que la  alianza sino-rusa no se reduce sólo a las armas, es de energía; lo cual implica verlo más allá de una metáfora simple (IRIS-France, 2019), esa energía hace funcionar el complejo científico-militar-industrial-tecnológico-cibernético de la alianza, maximizando el grado de alcance de las políticas implementadas en la región.

Es necesario decir que el avance del oso ruso no es en terreno plano, Rusia atrae embargos, represalias y señalamientos de todo tipo en cuanto éstos sean contrarios a los valores de cohorte occidental, entiéndase esto como democracia, derechos humanos, libertad de expresión, entre otros. Basta observar la expulsión de justas deportivas internacionales como los juegos olímpicos Tokio 2020 y el mundial de fútbol en Qatar 2022 por la Agencia Mundial Antidopaje (Wada). A ello hay que añadir que legisladores estadounidenses presionan a Donald J Trump para sancionar a Rusia por gasoducto Nordstream 2. Hecho que implica para algunos incrementar las posibilidades de una confrontación entre estas dos potencias.

Al respecto, la Universidad de Princeston (2019) realizó un modelo de simulación llamado «Plan A» sobre un ataque entre Rusia y Estados Unidos, motivado por conocer las consecuencias catastróficas de un enfrentamiento; ello después de que ambas naciones abandonaran acuerdos de no proliferación y control de armas de destrucción masiva, de nueva cuenta no solo se mantiene, sino también se reproduce en el imaginario esa confrontación ruso-estadounidense.

El papel de V Putin es fundamental para comprender el inicio de la transición mundial de poder en el mundo, Karl Von Clausewitz (2016) señaló en su obra De la Guerra que un enemigo se vence en tanto sus fuerzas militares, territorio y voluntad del enemigo sean destruidas o conquistadas, cosa que no sucedió con Rusia. La Guerra Fría terminó por un Acuerdo político de desarme nuclear entre Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan, pero el control del espacio, de la fuerza militar y de la voluntad rusa está vigente y Vladimir Putin lo ejercita de manera cotidiana.

Conocer la topografía del teatro de guerra, como una de las condiciones de Napoleón I al momento de estar en el acto de confrontación es parte de un Plan de Campaña, mismo que prevé las acciones adversas a los objetivos y da la flexibilidad de modificarse debido a las circunstancias existentes. Hoy para el mundo esto es más que evidente en el marco del Gran Confinamiento mundial. Los rusos han figurado en diferentes escenarios, siendo el petrolero uno de los más observados debido a la dramática caída del precio de referencia West Texas Intermediate (WTI), otro es el aumento del índice de contagios por Covid-19 en la nación eslava y uno, del que se hace especial eco en la prensa occidental, es el referente a una posible modificación constitucional que mantenga por más tiempo a V Putin en el poder ruso.

Estos tres planteamientos son sin duda parte del eje que marcará el futuro inmediato de una Rusia que provee de petróleo y gas a una Europa que le urge: a) transitar a las energías alternas al hidrocarburo, mientras que vende su tecnología verde (sic.) como panacea ante el cambio climático, y b) dejar de depender de EE. UU. en materia de seguridad multidimensional (militar, financiera, política…); el aumento en los casos de Covid-19 en Rusia permitirá ajustar las políticas nacionales de disciplinamiento temporal, que serán utilizadas por los medios de comunicación tradicionales como actos de represión o de baja confianza de la población rusa a su presidente (no sorprenda que se le culpe de algo a Rusia en torno a la enfermedad); mientras, las aeronaves militares de última generación sobrevuelan Rusia en acto solemne, V Putin, depositará una ofrenda en la Tumba del Soldado Desconocido en el Kremlin, se dirigirá a su nación; los rusos demostraron la capacidad de victoria sobre lo adverso, si no desearan a Putin más en el poder, él ya no estaría allí.

Hoy 9 de mayo de 2020 desfilará el regimiento inmortal, el desfile se trasladará al cielo, y los rusos saldrán a sus balcones a recordar un concepto complejo: Día de la Victoria.

«La mayor felicidad es conocer la fuente de la infelicidad»

Sputnik—¿Qué le gustaría decir en el año del 75 aniversario de la Victoria?

Anatoli Kóndirev —Quiero desear una cosa y nada más: que no vuelva a ocurrir nada parecido, que nadie participe en estas batallas, no más sangre, ni dolor, ni duras pruebas.


Abdiel Hernández Mendoza

Dr. en Estudios Latinoamericanos, Mtr. en Geociencias y Administración de los Recursos Naturales, Lic. en Relaciones Internacionales. Profesor de Tiempo Completo, ENES Juriquilla.

@abdieler

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