El desempleo y el COVID

Que haya trabajo, pan, agua y sal para todos

Nelson Mandela

Una vez que la pandemia por coronavirus ha permitido el regreso paulatino a la normalidad en los países de Europa y Asia, y que a su vez ha dejado de ser emergencia, o está próximo a serlo, en los países del continente americano, los Estados deben plantearse algunas prioridades, que se encuentran en el mismo plano de importancia que la salud pública, con la finalidad de mitigar los efectos de la contingencia en otros ámbitos.

Una de esas preocupaciones y políticas transversales de atención inmediata para la recuperación de los miembros de la comunidad internacional, en sus diversas vertientes, es o debería ser el empleo.

De acuerdo con el documento El COVID‑19 y el mundo del trabajo, cuarta edición, elaborado por el Observatorio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el cual es elaborado mensualmente desde febrero de este año y para la versión más reciente fue difundido el pasado 27 de mayo, presenta datos alarmantes sobre el empleo a nivel internacional:

  • Las estimaciones más recientes revelan una disminución de la cantidad de horas de trabajo de alrededor del 10.7 por ciento con respecto al último trimestre de 2019, equiparable a 305 millones de puestos de trabajo de tiempo completo. Las Américas (13.1 por ciento) y Europa y Asia Central (12.9 por ciento) son las regiones en las que se registraron las mayores pérdidas de horas trabajadas, es decir, de trabajos de tiempo completo.
  • Más de uno de cada seis jóvenes ha dejado de trabajar desde que surgió la crisis de COVID‑19. Con respecto a los jóvenes que han mantenido su empleo, sus horas de trabajo han disminuido un 23 por ciento.

En el plano nacional, el pasado 12 de junio, la principal institución de seguridad social del sector privado en México, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) difundía el comunicado de prensa número 391/2020 sobre los Puestos de trabajo afiliados, mediante el cual daba a conocer los siguientes datos, que son igualmente preocupantes:

·     Como consecuencia de los efectos derivados de la emergencia sanitaria, en mayo se registra una disminución mensual de 344,526 (trescientos cuarenta y cuatro mil quinientos veintiséis) puestos, equivalente a una tasa mensual de -1.7% (menos uno punto siete por ciento).

·     Con lo anterior, la disminución del empleo de enero a mayo de 2020 es de 838,272 (ochocientos treinta y ocho mil doscientos setenta y dos) puestos, de los cuales, el 70.0% (setenta por ciento) corresponde a empleos permanentes.

·     Al 31 de mayo de 2020, se tienen registrados ante ese instituto 997,767 (novecientos noventa y siete mil setecientos sesenta y siete) patrones, equivalente a una tasa de crecimiento anual de 0.9% (cero puntos nueve por ciento). La disminución mensual de mayo es de 3,295 (tres mil doscientos noventa y cinco) patrones.

Medios de información, tanto nacionales como internacionales, ese mismo día hacían una operación matemática bastante simple para cuantificar la cifra real de empleos que se han perdido desde que se decretó la emergencia en nuestro país.

De acuerdo con cifras proporcionadas por el mismo IMSS en sus informes mensuales, en mayo se perdieron 344,526 empleos, en marzo 130,593 empleos perdidos, y en abril 555,247, lo cual suma un total de 1,030,366, que representa más de un millón de empleos formales perdidos, cifra tres veces mayor a los 342,000 empleos formales creados y registrados en ese mismo instituto durante 2019.

Por lo que hace a los patrones registrados ante ese instituto, la disminución mensual representa el peor dato desde 1998, ejercicio desde el cual se contabiliza esta variable como parte de los informes que sobre el particular elabora el instituto.

Para atender los efectos negativos de la pandemia en relación con el derecho fundamental de las personas al trabajo, la OIT propone dos respuestas que deben darse a nivel político a gran escala:

En primer lugar, deberían realizarse intervenciones con arreglo a marcos de política laboral exhaustivos, inclusivos y orientados al futuro, incluida la implantación eficaz de garantías de empleo o competencias, complementadas con paquetes de medidas más amplias que fomenten los incentivos y la recuperación.

En segundo lugar, las medidas que propicien y mantengan una recuperación que haga hincapié en el empleo se verán facilitadas por la realización de pruebas de detección y el rastreo de casos de infección, así como en una supervisión pormenorizada de los efectos de la crisis en las empresas y los trabajadores de los sectores más afectados, incluidos los de la economía informal. Debido a que, según estimaciones de la misma OIT, esas actividades pueden contribuir a reducir las pérdidas de horas de trabajo hasta en un 50 por ciento.

Para ello, los gobiernos deben ofrecer soluciones integrales que conjuguen elementos de los cuatro pilares del marco general de políticas de la OIT para hacer frente a la crisis del COVID‑19:

Pilar 1

Estimular la economía y el empleo

  • Una política fiscal activa
  • Una política monetaria flexible
  • Préstamos y ayuda financiera a sectores específicos, incluido el sector de la salud

Pilar 2

Apoyar a las empresas, los empleos y los ingresos

  • Extender la protección social a toda la sociedad
  • Aplicar medidas de mantenimiento del empleo
  • Ofrecer a las empresas ayuda financiera/fiscal y otros medios de alivio

Pilar 3

Proteger a los trabajadores en el lugar de trabajo

  • Reforzar las medidas de salud y seguridad en el trabajo
  • Adaptar las modalidades de trabajo (por ejemplo, el teletrabajo)
  • Prevenir la discriminación y la exclusión
  • Permitir el acceso a la sanidad para todos
  • Ampliar el recurso a una licencia remunerada

Pilar 4

Buscar soluciones mediante el diálogo social

  • Fortalecer la capacidad y la resiliencia de las organizaciones de empleadores y de trabajadores
  • Fortalecer la capacidad de los gobiernos
  • Fortalecer el diálogo social, la negociación colectiva y las instituciones y mecanismos de las relaciones laborales

Por ello, ahora más que nunca, el futuro laboral de millones de personas, con especial atención en los sectores más vulnerables de la población, está en manos de los líderes de los Estados y de todos los actores que intervienen en este círculo de desarrollo y empleo, con la finalidad que el huracán de efectos negativos ocasionados por el coronavirus, no afecten el derecho fundamental de las personas al trabajo, y por ende, esa opacidad no genere más desempleo, más allá de la naturaleza propia de las circunstancias y del contexto que actualmente vivimos.


César O. Castro Márquez

Especialista en Derecho Internacional y Derechos Humanos, Académico y Activista.

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