La nueva visión geopolítica de Ursula Von der Leyen

La integración europea representa el multilateralismo que brinda ventajas en materia comercial, reglas compartidas y cooperación; sin embargo, ante la necesidad de obtener un papel preponderante en la dinámica internacional, la nueva presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen planteó una comisión geopolítica (Agenda Estratégica 2019-2024) centrada en una cooperación más estrecha con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Además de buscar reafirmar las relaciones comerciales entre la Unión Europea (UE) y sus socios, igualmente, desarrollar una asociación global con África, entre otros objetivos.

Lo anterior responde a la perdida de protagonismo de la Unión Europea en el sistema internacional; es decir, tras concluir la Segunda Guerra Mundial y en el contexto de un cambio estructural, así como jerárquico en el orden mundial caracterizado por Estados Unidos (EE.UU.) y la URSS (hoy Rusia) como las cabezas de la bipartición en el mismo (episodio conocido como Guerra Fría), Europa atravesó por su propio proceso de cambio; evolucionó, y   de ser la Comunidad Económica Europea (CEE) se convirtió en la comunidad política que actualmente conocemos tras la ratificación de múltiples tratados, adaptándose al dinamismo internacional, y aunque ha participado activamente en operaciones militares, inversiones financieras y ayuda humanitaria, sus intervenciones, aunque abogan por el bienestar común, son pasivas. En el transcurso del escenario anterior y después de la Guerra Fría, EE.UU. instauró su hegemonía en el sistema internacional, al mismo tiempo, surgieron nuevos actores que hoy dictaminan la coyuntura global, tales como: Corea del Norte, Arabia Saudí, Israel, la misma Rusia, Turquía e incluso Singapur cuya economía crece a niveles exponenciales mientras se posiciona como una potencia en Asia Pacífico.

Al mismo tiempo, el liderazgo mundial continúa disputado entre Oriente y Occidente: China y EE.UU. son los países preponderantes en el sistema internacional; el primero compitiendo por el dominio económico, de igual forma, en materia armamentista e innovaciones tecnológicas, y el segundo con una política exterior neorrealista tras casi 75 años de haber tomado la batuta en el sistema mundial, ambos libran una guerra comercial que afecta a todo el globo.

Ahora bien, la gran interrogante es: ¿Dónde quedó la UE dentro del dinamismo global? Varios lectores no estarán de acuerdo, sin embargo, la UE se encuentra rezagada en comparación con actores internacionales que toman las decisiones y el mando en cuestiones de política y seguridad internacionales, por ejemplo: la guerra en Siria, el conflicto saudí-yemení, el conflicto estadounidense-iraní -donde los estadounidenses decidieron castigar a aquellos países que tuvieran negocios con el régimen, así compañías francesas encargadas a la extracción de petróleo tuvieron que retirar inversiones ahogando a los iraníes económicamente– y el conflicto palestino-israelí.

Son conflictos como los mencionados, donde la UE no es la figura más sobresaliente en la toma de decisiones vitales para el desarrollo de la paz y seguridad internacionales. Esto fue entendido por la presidente Ursula von der Leyen; y al tomar protesta de la Comisión Europea anunció que la misma sería más geopolítica que política (lo que fue apoyado por el presidente francés Emmanuel Macron) como trató de lograr su antecesor, Jean Claude Junker.

La UE comprende la complejidad de la realidad internacional, por lo que, en aras de reivindicarse, busca un papel más protagónico en las decisiones coyunturales del globo con ayuda de EE.UU. y/o Turquía como aliados de la OTAN, y junto con ellos Reino Unido. No obstante, la UE tiene una tarea bastante complicada por cuatro importantes razones: la primera, en cuestión de una geopolítica mundial, Rusia, China y EEUU tienen una gran ventaja en sus zonas de influencia, por lo que sería complicado para la UE entrar de una manera tan fácil en las mismas; la segunda, la UE tendría que ejercer un smart power con sus aliados y enemigos para allanar el camino de los objetivos a lograr, aunque con ello desaten una problemática que tendrían que estar dispuestos a abordar; la tercera, la política de migración y la importancia geopolítica que representa Turquía como un receptor de inmigrantes, y en caso de ser necesario ocupar la fuerza militar para asegurar la paz en la región turca buscando aislar la presencia rusa en la zona; finalmente, deben considerar enfrentar las negociaciones post-Brexit y la futura relación con Reino Unido, así como las consecuencias de ésta. Por lo tanto, los citados escenarios requieren una Europa capaz de mantener su unidad y poder llegar a acuerdos como bloque para lograr ganar preponderancia en el globo y lograr consolidarse como un contrapeso a los países hegemónicos actuales.

En este sentido y durante el contexto de la crisis sanitaria provocada por el brote del COVID-19, en el escenario financiero europeo (mismo que ya comenzaba a dar indicios de una recesión) persistió una importante discrepancia para llegar a un acuerdo que respondiera al daño causado por el virus; cuando España e Italia solicitaron optar por los “corona bonos”, la moción fue rotundamente negada por Alemania y Países Bajos, exponiendo así las divergencias en el bloque europeo, generando debate entre norte y sur. Los primeros optan por fomentar la inversión, mientras que los segundos buscan endeudarse para salir del bache económico en el que se encuentran. Ahora bien, el escenario anterior incrementará el descontento de algunos miembros como Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia, quienes han manifestado en una declaración conjunta a principio de 2020 su disgusto entorno al presupuesto de la UE, ya que consideran que son ellos los principales responsables de este; aunado a que la salida de Reino Unido comprende un decremento de 75 billones de euros en los siguientes siete años. En consecuencia, la reafirmación de una eventual brecha en la planificación regional es inminente; empero, la misma puede ser usada como una plataforma que incentive el paneuropeísmo, sobretodo por los países más mermados por la pandemia.

El recibimiento del paneuropeísmo, mismo que aboga por una identidad europea supranacional puede parecer el último recurso para que la UE actúe como un actor global cohesivo en un escenario internacional disputado por la rivalidad sino-estadounidense. A efecto de lograr esta misión los miembros deben integrar la geopolítica y los intereses económicos en una política exterior pragmática y unida en lugar de abordar estos asuntos de manera individual.

Si Von der Leyen pretende instaurar una comisión geopolítica, es imprescindible que se enfoque en seis objetivos: primero; el Green Deal (tiene como objetivo transformar la economía del bloque en una baja en carbono), el cual en el marco de la búsqueda por superar la crisis económica causada por la pandemia, fue adoptado el 10 de abril; aunado a la implementación de un plan de recuperación desglosado en: €240 mil millones en préstamos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM, el fondo de ayuda de la zona euro), un fondo de garantía para movilizar un máximo de €200 mil millones para las empresas y hasta €100 mil millones para apoyar el trabajo a corto plazo. Así, a pesar de las diferencias entre los miembros, resalta el consentimiento de los mismos para cooperar en la transición verde de Ursula von der Leyen, ya que ésta ayudaría a trazar los ejes para que la economía (al mismo tiempo que se estabiliza) se transforme en sustentable y climáticamente neutral.

Segundo, la comisión tendrá que estar abierta a la posibilidad de negociar con la administración del presidente Donald Trump en las áreas de negocios donde EE.UU. es dependiente del bloque europeo, para conseguir anular el dominio de la moneda estadounidense; ya que el Mandatario pretende imponer sanciones a cualquier empresa que tenga lazos económicos con Irán y así dictaminar quienes son los socios comerciales de la UE.

Tercero, la nueva comisión debe hacer frente a la defensa europea, dada la coyuntura interna, en la cual Francia aspira a terminar con la subordinación estadounidense mientras que Polonia pretende aumentar la presencia norteamericana en el continente; por otro lado, Alemania aboga por esperar a la eventual partida de Trump, por esta razón, es imprescindible unir estos propósitos a través de la cooperación con la OTAN y que esta organización actúe como un mejor socio con EE.UU. Con respecto a lo anterior, en 2017 la Comisión Europea creó la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO por sus siglas en inglés) bajo la idea de crear un ejército europeo logrando una colaboración militar más ambiciosa, más coordinada y con más recursos; esto ya estaba previsto en el tratado de Lisboa pero nunca se había utilizado; PESCO busca garantizar que la Unión Europea pueda implementar y sostener las operaciones de defensa y paz que sean necesarias, así como dotar a la Unión de fuerza y poder actuar en escenarios interiores y/o exteriores ayudando a endurecer su presencia internacional; asimismo, se creó el Fondo Europeo de Defensa. El Fondo busca desarrollar la capacidad militar de los miembros.

El proyecto original consistía en dotar al Fondo de €17,000 mil millones, no obstante, tras continuas negociaciones se optó por bajar el presupuesto a €6,ooo millones, próximos a aprobarse para el presupuesto 2020-2027. El problema en estas discusiones fue la salida de Reino Unido del bloque europeo, debido a que Londres otorgaba €10 mil millones anuales; concecuentemente, perder €11,000 millones representaría aumentar el apoyo de algunos Estados miembros. La problemática radicará en la obtención de los fondos después de 2027 para asegurar la continuidad de PESCO y del Fondo, sin embargo, los miembros de la Unión Europea entienden la trascendencia geopolítica de continuar con el proyecto, por lo que conllevaría probablemente a la reducción o cancelación de ciertos programas o estímulos para asegurar la continuidad de la cooperación militar.

El cuarto objetivo: la comisión presidida por Von der Leyen implementará a partir de octubre de 2020 un mecanismo de selección para la inversión extranjera que sea capaz de protecter sectores esenciales y compensar a los miembros de la UE a los que se les solicita que rechacen el capital extranjero; de vetar estas inversiones por cuestiones de seguridad, la Comisión debe tener la facultad de hacerlo mientras que el Consejo Europeo conservaría el dictamen final.

Quinto; transformar la Agencia Europea de Seguridad de las redes y de la información (ENISA) para que ésta tenga la aptitud de ejecutar protocolos de seguridad impenetrables. Y sexto; reemprender un enfoque estratégico en el financiamiento global en respuesta a las actividades de desarrollo e inversión global de China (Iniciativa del cinturón y la Ruta de la seda) otorgando al Banco Europeo de Inversiones (BEI) y al Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD) un mandato global para financiar proyectos fuera de Europa.

Como conclusión, el conjunto de estas metas podría proyectar a la Unión Europea como un actor global fundamental, capaz de sobreponerse como un todo ante otros entes internacionales, no obstante, el bloque requiere de una genuina unidad entre sus miembros y sus instituciones.


Ana Barrientos

Internacionalista en proceso de titulación por la Universidad Nacional Autónoma de México, interesada en estudios de Oriente Próximo, Rusia y África, así como geopolítica, derecho internacional y economía.

abarrientosb23@gmail.com 

Cristóbal Rodríguez

Egresado de la carrera de Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); apasionado en temas de finanzas, geopolitica, energía y política internacional.

cristorodrig18@gmail.com

Publicado por CELAEI

Somos un Centro de Investigaciones Interdisciplinarias fundado en México, con vocación latinoamericanista.

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