Migración Cero, retorno voluntario: mexicanos regresan a casa desde EE.UU.

El retorno voluntario de ciudadanos mexicanos desde Estados Unidos (EE.UU.), es un fenómeno histórico reciente, el cual se ha dado desde el 2009, justo después del comienzo de la crisis económica en ese mismo país, la cual inició justo un año antes, por lo que se confirma que el impacto negativo en la economía a nivel mundial ha dejado consecuencias por más de una década; expertos mencionan que el modelo neoliberal está agotado y que el fin de la globalización está latente, por ende, el paso inevitable primero de las potencias mundiales a un modelo de neo-nacionalismo –en parte ya conocido– que tiene consecuencias que avizoran el fin de la bonanza económica mundial –si es que alguna vez se pretendió una mejor distribución entre todos los participantes–.

Es así como en los tiempos de la pandemia generada por el SARS-CoV-2 (COVID-19), declarada el 11 de marzo de 2020, por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el escenario bilateral entre México y EE.UU., descolló un aumento en el flujo de mexicanos que por su propia voluntad o al ser deportados –esto en un porcentaje menor– retornarán a su país de origen en los próximos años, así como lo han hecho en esta última década.

Históricamente, la migración entre ambos países se funda después de la firma del Tratado Guadalupe–Hidalgo en 1848, cuando la población mexicana asentada y flotante, quedó en territorios de los que EE.UU. tomó pronto posesión, iniciando el incesante flujo de personas que por diversos motivos han tenido que migrar hacia el Norte por diversas rutas de esta región. En épocas recientes, es decir entre 1960 y 1970, la población mexicana establecida en este país creció apenas un 25% de la existente, pero en la década de los setenta se produjo una migración masiva que casi la triplicó, estableciendo como parte toral de la política exterior del Gobierno mexicano que la protección consular se convirtiera en un tema de la agenda bilateral con los estadounidenses.

En el cambio de década a los ochenta, se acabó con una época de nacionalismo basado en el modelo económico de la Industrialización por Sustitución de Importaciones, para entrar en una transición al Liberalismo Económico, mientras que la población mexicana en EE.UU. se duplicó y en la década de los noventa se repitió en la misma cantidad, para así alcanzar casi los 10 millones de mexicanos nacidos en México, pero viviendo en ese territorio.

Ahora bien, las políticas neoliberales, que se desenvolvieron en la era tecnocrática de nuestro país sirvieron para modernizar la economía mexicana, pero a su vez tuvieron consecuencias sociales desastrosas para la población, destacando el crecimiento de la pobreza y el abandono del campo, condicionando a su vez que la mano de obra mexicana año tras año migrara hacia el Norte en búsqueda de mejores oportunidades.

Como resultado de las duras políticas anti–inmigrantes y de la desaceleración económica que llevó a EE.UU. a la Gran Recesión del 2008–2009, la migración mexicana en ese país tuvo un crecimiento del 20%, registrando una disminución en la segunda década de este siglo, reconociendo por primera vez un decrecimiento de la migración mexicana; históricamente en 2012, el número de nuevos migrantes fue menor al de los que regresaron por su voluntad a México o bien fueron deportados, dando cabida al termino demográfico de Migración Cero, la cual en términos reales demostraba que en los números oficiales la llegada de 12 millones de migrantes mexicanos a EE.UU. entre los años de 1970 y 2011, fue record y quedará para la historia de las grandes migraciones del mundo. Por otra parte, se resaltan las cifras no oficiales, las cuales especulan que dicha cifra pudiera ser del doble, ya que la frontera en el pasado era más porosa que en la actualidad y la facilidad de los cruces no legales era más activa y sin registros fiables de estos movimientos transfronterizos.

Actualmente, se sugiere que en el escenario de la emergencia sanitaria mundial el retorno de mexicanos a casa, su país de origen, en el mediano plazo pueda darse de una forma no masiva, pero si abundante, debido a los índices de desempleo en la unión americana, la persecución y los constantes cambios en leyes migratorias y el alto coste de vida percápita, con la posible reelección del actual presidente de EE.UU., no se ve cerca una nueva reforma a la Ley de Migración que permita –por sus múltiples dimensiones– permear los temas más importantes para los migrantes e inmigrantes que viven en ese país.

Cabe destacar, que el Censo realizado por el Gobierno Federal de EE.UU. en 2020, arrojará resultados parciales en la estimación de cuantos mexicanos viven actualmente en su territorio, cuál sería su localización y forma de vida, ya que al hacerlo de forma digital en su mayoría –vía formulario– quienes lo contestan pueden de manera intencional omitir datos relevantes de las personas que viven en esa residencia, por lo que muchas veces las cifras oficiales nos muestran escenarios limitados, otro ejemplo es cuando el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), detecta entradas legales de migrantes con estatus de turismo / negocios, que bien pueden regresar a su país de origen sin devolver el permiso temporal otorgado y figurar como un nuevo inmigrante que se queda para probar suerte en su sistema de ciudadanía, entre tantos más.

Dentro de los parámetros que se deben analizar y destacar en el caso del retorno de los connacionales, es relevante señalar el incremento histórico del envío de remesas hacia México – cerca del 36 % con respecto al mes anterior – que representa cerca de $4 mil millones de dólares, esto a finales de marzo, cifra relevante pero de corto alcance ya que justo ese mismo mes fue cuando se decretó el Gran Confinamiento y la pérdida acelerada de empleos, proyectando así un decrecimiento del 20% de esta cifra para el mes de abril y cerrará el año con un descenso notable. Por otra parte, en EE.UU. se supera ya la pérdida de 40 millones de puestos de trabajo a finales de mayo de 2020, mientras que las cifras oficiales de desempleo formal en México, proyectan que a finales de este año se perderán más de un millón de empleos y posiblemente medio millón más el próximo año.

Ambos parámetros impactarán en el retorno de mexicanos a casa, pues el envío de remesas a nuestro país podría significar la preparación del terreno financiero para establecerse ya en territorio nacional y, por otra parte, la consecuencia del desempleo en EE.UU. en varios ramos ocupados principalmente por mexicanos (agricultura, servicios y construcción) en un entorno de moratoria de rentas, escasez de trabajo y falta de documentos legales, impactaría de igual forma en México, en el aumento del número de mexicanos que regresen en medio de una recesión económica y una crisis de inseguridad, que impidan su libre crecimiento y el respeto de los derechos básicos para su subsistir.

Por otra parte, se calcula con cifras estimadas por el Banco de México (Banxico), que terminado el mes de mayo se dio la salida de capitales por el orden de los 250 mil millones de pesos, ante este escenario se activaron bonos gubernamentales y otros instrumentos financieros que pretenden en el corto plazo, compensar las pérdidas financieras al erario, lo cual agrava la situación económica de México, y compromete parcialmente la salud financiera del país.

A manera de conclusión se puede inferir que los tiempos que durará la pandemia son desconocidos aún y por consecuencia no es medible del todo el impacto económico, político social, cultural, histórico o de cualquier orden, debido a que no se tenía previsto un hecho disruptivo de tales dimensiones, por lo que la humanidad debe aprender a ser más resiliente, adaptándose al nuevo entorno, que por lo aprendido de la historia no será eterno, pero como consecuencia deberemos reconocer las ventajas de lo sucedido y reorientar las políticas públicas que permitan el desarrollo del ser humano, del mexicano que regresa a casa y que como todos en el país busca y tiene derecho a las mismas oportunidades que otro connacional, a ser dignificado como mexicano con plenos derechos y obligaciones de un buen ciudadano.

Si bien, el Gobierno Federal concedió como derecho humano asilo a migrantes centroamericanos, al convertirse en el gran filtro que acoge, muchas de las veces temporalmente a migrantes que pretenden solicitar asilo en EE.UU., esto debido a las restricciones de la nueva política de migración del gobierno de Trump.; los nuevos asilados competirán también con los mexicanos que regresen del Norte, en cuanto a vivienda, empleo, transporte, a la convivencia diaria en muchas zonas del país, no así en el goce pleno de derechos y obligaciones como ciudadanos, pero son un nuevo actor a contemplar en el tablero actual. Cabe resaltar que por la falta de oportunidades los mexicanos retornados, así como los migrantes centroamericanos representan un foco de alarma ante la posible incorporación a las filas del crimen organizado, que les proveería la estabilidad económica que el Estado no les puede garantizar.

A su vez el gobierno del Presidente López Obrador tiene altos índices de desempleo en los que se proyecta –como ya se mencionó– que a fin del presente año se habrán perdido más de un millón de empleos formales –dentro de los que se pueden contabilizar y que en mi opinión personal serán más– ya que no se menciona alguna proyección de la economía informal, y que el impacto en la economía global será de una recesión que sentará precedentes de grandes dimensiones, anticipando para el año 2021 la pérdida de más empleos, previendo una aguda crisis económica que sumará más violencia e inestabilidad política en las regiones de Norte y Centroamérica.


Jonathan Hernández Gallardo

Internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México. Especialista en política, negocios y comercio Internacionales

@jonhgallardo

Publicado por CELAEI

Somos un Centro de Investigaciones Interdisciplinarias fundado en México, con vocación latinoamericanista.

A %d blogueros les gusta esto: