La obsolescencia de la derecha y la izquierda

La orientación política es un tema que podría parecer un mero acto de ponerse una etiqueta, y no se puede negar que muchas veces ocurre así, y es desafortunado percatarse que constantemente vemos gente cuyas ideas son descalificadas a priori solo por su orientación política, y en diversas ocasiones ni siquiera son orientaciones adoptadas por el sujeto, sino que son etiquetas que se le ponen desde lo externo. Así como también en otras muchas ocasiones, una persona se abandera con una ideología al punto de sesgar su pensamiento y caer en el fanatismo.

Pero la orientación no debe verse como algo delimitado, ni debe prejuzgarse la opinión de una persona por sus preferencias ideológicas. Declararnos afines a una parte del espectro político no es algo definitivo, es más que nada una referencia (que sí tiene una importancia) de donde ubicarnos políticamente según nuestros intereses, valores y formación. Y tradicionalmente esto se ha reducido a ser de Izquierdas o de Derechas. Y estas dos orientaciones son las respectivas trincheras de partidos, medios de comunicación, debates, figuras públicas, escritores, analistas, y un largo etcétera.

Empero, ¿Ser de Izquierda o ser de Derecha significa algo hoy en día? Valdría la pena superar esa visión dicotómica de la Política y plantearse un espectro político mucho más diverso. Pero, antes de eso ¿Por qué afirmar la obsolescencia del espectro político tradicional? En este análisis, primero se revisarán los motivos históricos para ello, y luego revisar si su funcionalidad sigue vigente contra otras propuestas de espectros políticos que se han inventado en años recientes.

El origen del espectro político moderno

Los orígenes del espectro político tradicional se remontan a tiempos de la Revolución Francesa, de la cual surge una Asamblea Nacional dividida entre dos agrupaciones: los Girondinos y los Jacobinos; los primeros eran moderados que buscaban una monarquía limitada y un sufragio delimitado según la clase social, en tanto que los segundos querían erradicar por completo a la monarquía y establecer el sufragio universal. Respectivamente se ubicaban al momento de deliberar del lado derecho e izquierdo del recinto, lo que dio origen a los conceptos políticos de Derecha e Izquierda.

Esta concepción se popularizó entre otras naciones y de acuerdo con el contexto político al interior de esos países, se acoplaba la concepción Derecha-Izquierda. En general podemos definir al espectro político (en ese momento histórico) según la contienda ideológica que prevalecía en un gran número de países: la disputa entre liberales y conservadores. Así ambos sectores conformaron las primeras Izquierda y Derecha respectivamente. Los liberales defensores de un Estado laico, de la democracia, del libre comercio y la industrialización, la igualdad jurídica, etc., los conservadores apegados al sistema monárquico, al clero, a la nobleza, y a una economía más tradicional y dirigida por la corona, etc. La oferta política se mantuvo entre estos dos bandos hasta mediados del siglo XIX cuando se dio la irrupción de un nuevo actor: el marxismo.

Vertientes diversas para un sistema de solo dos caras

Las ideas socialistas ya se barajeaban desde tiempo atrás, pero con la obra de Karl Marx, el socialismo (y el comunismo) alcanzaron el suficiente impulso para entrar al escenario político. El espectro político se tornaba triple, no obstante, se empezó a relacionar directamente al socialismo con la Izquierda, y a los conservadores y liberales por igual a la Derecha, visión que prevalece hasta nuestros días. Además, también venía creciendo el movimiento anarquista, el cual comenzó a rivalizar con los mismos marxistas, al mismo tiempo que en su interior se dividían entre distintos sectores (colectivistas, individualistas, cristianos, etc.). De alguna manera, a pesar de las diferencias ideológicas entre anarquistas (en varias ocasiones muy contrastantes), estos fueron popularmente colocados dentro de la Izquierda.

Aún no llegaba el siglo XX y el espectro político ya se encontraba, de manera muy forzada, aferrado a su dicotomía. Esta puede ser la razón por la que, en la discusión política, constantemente se hace presente el maniqueísmo, en detrimento del buen debate.

Sin embargo, la historia siguió su curso. Las potencias europeas impulsaban el más cruento imperialismo que derivaría en la Primera Guerra Mundial; la Guerra de Secesión en Estados Unidos, la renovación Meiji en Japón, así como las posteriores guerras hispanoamericana y rusojaponesa, daban muestra de la derrota de aquellos que se habían aferrado al sistema antiguo, o que habían sido incapaces de modernizarse. El Imperio ruso cayó, y fue reemplazado por la Unión Soviética, el primer Estado socialista. El mismo socialismo enfrentaría un importante cisma, el conservadurismo quedaría (de momento) reducido a grupos defensores de los privilegios de la monarquía y los militares.

A principios del siglo XX se puede afirmar que las dos caras del espectro político se subdividieron a su vez en dos grupos cada una: la Derecha moderada (liberales) y la extrema Derecha (conservadores), la Izquierda moderada (socialdemócratas) y la extrema Izquierda (marxistas-leninistas). El anarquismo perdió fuerza y prácticamente quedó excluido del espectro. Empero, hacia 1922, al igual que como había ocurrido en el siglo anterior, irrumpía un nuevo actor ajeno a los que ya participaban: el Fascismo, o, mejor dicho, la Tercera Posición.

El fascismo triunfó en Italia en 1922, luego de la Marcha sobre Roma. El movimiento político de Benito Mussolini se iba desarrollando sobre la marcha, impulsado por el descontento social. Sobre todo, de la mano de Giovanni Gentile es que el movimiento obtuvo un sustento ideológico. El movimiento defendía la autarquía, el corporativismo, la socialización de la economía, y por supuesto un exacerbado nacionalismo; no obstante, las similitudes, eran fervientes opositores de los comunistas.

Conforme el fascismo italiano inspiró a nuevos movimientos en diferentes países (incluyendo América Latina), se fue definiendo la corriente de la Tercera Posición. Un nombre resultado de su rechazo tanto al capitalismo como al comunismo, así como a la Derecha y a la Izquierda. Además, cuenta con la particularidad de tener un carácter casi totalmente nacional, mientras que las doctrinas liberal y marxista son internacionalistas, y el conservadurismo defiende valores y una religión común a varias naciones, la Tercera Posición debía ser diseñada según su país. Así se explica el común denominador pese a las diferencias notorias entre sus movimientos: el Nacional Socialismo alemán, el Nacional Sinarquismo mexicano, el Peronismo argentino, el Baazismo árabe, etc.

Lo que engloba a todos esos movimientos y/o regímenes, era su perfil ultranacionalista, corporativista, sindicalista, ultrareligioso (en algunos casos) y su propuesta de un socialismo, no marxista, sino nacionalista. Por ende, calificar a estos grupos como de “extrema Derecha” es un error derivado precisamente de forzar y etiquetar a cualquier ideología o movimiento dentro del espectro político tradicional; estudiar el fascismo a detalle permite encontrar importantes similitudes tanto con los conservadores, como con los comunistas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la tercera posición se desvaneció en gran parte del mundo, quedando en el poder solo las dictaduras de Antonio Salazar, y Francisco Franco, en Portugal y España respectivamente, quedando en otros países movimientos que fueron debilitándose con el tiempo, o que terminaron por alinearse a conservadores o socialistas en el contexto de la Guerra Fría. Sin embargo, demostraron que el espectro Izquierda-Derecha ya no bastaba para explicar las ideologías y las propuestas políticas. La vigencia del diagrama político tradicional sería aún más golpeada por las tendencias contemporáneas.

Las nuevas tendencias y el embate de la posmodernidad

A estas alturas tanto la Izquierda como la Derecha, y el Fascismo dejaban clara su tendencia al estatismo, y al sacrificio de la vida humana en nombre de la patria, de la revolución, de la democracia, etc., sin importar si se llegaba al extremo del genocidio. Las nuevas tendencias serían muy críticas al respecto, y buscarían el empoderamiento de las personas, fuese como sociedad o como individuos, y algunas de estas nuevas tendencias, al mismo tiempo, comenzaron a hablar de superar a la Derecha y a la Izquierda. Hablemos de ellas.

Alejado del discurso revolucionario y mecánico de los socialistas, el Progresismo apareció favorecido por reivindicaciones, que no se limitaban al aspecto económico. Podría decirse que este no surgió a priori, sino que se fue nutriendo de los movimientos raciales, de género, de diversidad sexual, ecologismo, etc. Además, fue desplazando notoriamente a los sectores tradicionales de Izquierda, aún apegados al Stalinismo y al Maoísmo.

Dentro del liberalismo, un numeroso sector se alejó del tradicional perfil liberal (también mecánico y afecto a la lucha armada), adoptando las ideas humanistas en lo político y lo social, y teniendo una enorme influencia de la escuela económica austriaca. Surgía el Liberalismo Libertario. Ni de Derecha, ni de Izquierda.

Otro grupo de liberales también se formó de la economía austriaca, pero combinándola con el pensamiento de los anarquistas individualistas. Surgía el Anarquismo de Mercado, con sus dos ramas importantes: el Anarcocapitalismo, y el Agorismo. Tampoco ni de Derecha ni de Izquierda.

De los socialistas un sector se alejó de la visión estatista y bélica de la Izquierda, y al igual que el liberalismo libertario buscan la reducción del Estado hasta su mínima expresión o desaparición; unos hablan incluso de la socialización de la economía a través de un libre mercado, despojado no solo de la injerencia estatal, sino de los monopolios y oligopolios. Estas corrientes pueden englobarse bajo el nombre de Socialismo Libertario. Nuevamente, ni de Derecha, ni de Izquierda.

Aunque estas corrientes mencionadas, tienen orígenes paralelos a las protagonistas en el siglo XIX (o incluso antes), es hasta nuestros días que comenzaron a tener una presencia importante en el escenario político; cuando estas surgieron como opciones ante el constatado desgaste e incapacidad para resolver los problemas de la humanidad mostrada por la Derecha y la Izquierda. El espectro político tradicional además recibiría un embate que terminaría por condenarlo definitivamente a la obsolescencia.

La Posmodernidad se presentaba criticando la promesa de paraísos terrenales que ofrecían los llamados Grandes Relatos (el Cristianismo, la Ilustración, el capitalismo y el marxismo), así como el rechazo a la idea de verdades universales o una historia con dialéctica, pues (según ellos y con buena parte de razón) el resultado fueron las grandes masacres del siglo XX.

La Posmodernidad golpeó a las mismas bases de Occidente y su alcance llegó hasta Oriente, haciéndola algo que alcanzó a toda la civilización. Naturalmente el espectro político fue alcanzando, y desde la perspectiva posmoderna, no es que la Derecha o la Izquierda ya no sean vigentes, sino que carecen por completo de sentido… la última estocada al espectro político tradicional.

Empero, pese al caos que provocó el relativismo posmoderno, la política, al menos en cuanto a sus orientaciones, ha sorteado este caos a través de nuevas propuestas de espectros políticos, mucho menos afectos a la dicotomía.

Los nuevos diagramas políticos

Claramente aún prevalece como hegemónica la visión Derecha-Izquierda, teniendo en el mejor de los casos la ambigua opción del Centro. Sin embargo, ¿Qué ofrecen los nuevos diagramas políticos? Para el caso se analizará las dos propuestas más populares actualmente: el de los Cuatro Cuadros y el Diagrama de Nolan.

Los Cuatro Cuadros es el diagrama político más referido en internet, el cual toma por base dos ejes: las orientaciones Derecha-Izquierda, y las orientaciones Liberal-Autoritario. Aunque este sea un espectro más amplio, aún parte de la dicotomía tradicional y solo aumenta su rango en que tan autoritario es un régimen.

El diagrama de Nolan, por otro lado, al fin rompe la dicotomía, ampliando el espectro a 4 dimensiones (más el Centro). El espectro se fundamenta en que tan libertario es un partido, gobierno, movimiento u otra organización política. Si busca solo libertad económica es conservador, si busca solo libertad personal es progresista; si busca ambas es liberal y si no desea ninguna es totalitario. Es un espectro más avanzado y adecuado a la realidad, pero concentrado únicamente en la parte práctica, dejando la parte ideológica en segundo plano, además tiene problemas en sus extremos, pues resulta imposible que exista nula libertad económica y máxima libertad personal o viceversa, pues ambas libertades están estrechamente relacionadas, por lo que aún muestra carencias.

Debe reconocerse el avance de estos nuevos modelos de espectro político, sobre todo porque superan el gran defecto del espectro tradicional: colocar de manera forzada a personajes tan contrastantes como John Locke, Adolfo Hitler y George Bush en el mismo bando, es sin duda un absurdo. No obstante, aún queda pendiente una propuesta que logre explicar la diversidad política, sin caer en la maniqueísta propuesta tradicional, ni tampoco en el afán cuantitativo que tienen los nuevos espectros políticos, cuando se trata más bien de algo cualitativo.

Saber que ubicación tenemos en un espectro político, no es realmente muy útil a nivel personal y tiene más fines recreativos; no obstante, a nivel colectivo resulta muy útil para entender las posturas políticas de los demás y que tan lejos o cerca están de otras ideologías. Un espectro político es una manera de plasmar de manera gráfica el complejo mundo de la diversidad ideológica; sopesando sus valores, intereses, prácticas y políticas que implementarían en el poder. Por lo que no debe verse como una nimiedad, sino como un ejercicio importante dentro de las ciencias sociales.


Carlos Adrián Caballero

Internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México.

@Carlosrodizcab

Publicado por CELAEI

Somos un Centro de Investigaciones Interdisciplinarias fundado en México, con vocación latinoamericanista.

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