La cuarentena como intento de olvido: la violencia de género en Latinoamérica

La cotidianidad y las rutinas a las que hemos estado acostumbrados desde hace tiempo se han pausado; hemos tenido que aprender a reflexionar acerca del impacto que toman nuestras decisiones individuales ante la colectividad. Día a día nos informan cómo va el avance de la pandemia: cuántos casos confirmados, cuántas defunciones, cuántas personas se han recuperado. Incluso, a cada hora nos recuerdan la manera correcta de lavarnos las manos, el estornudo de etiqueta, la distancia que debe existir entre las personas; se hacen cápsulas informativas o se realizan programas especiales para aclarar la manera correcta de cómo desinfectar alimentos, de cómo limpiar la casa, de cómo lavar la ropa y nos recuerdan constantemente la importancia de quedarnos en casa y en caso de salir nos señalan cómo debemos extremar las medidas sanitarias, además de indicarnos cómo debemos desinfectarnos para regresar a ella y proteger a nuestras familias. Sin embargo, la indicación que hemos memorizado —incluso la que hemos convertido en stickers, en hashtag, en logos, en marcos de fotografías para las distintas redes sociales— ha sido: quédate en casa. Y aunque el confinamiento social, además de las medidas sanitarias, sea proporcional al cuidado personal y colectivo; el quedarse en casa no representa la misma seguridad ni la misma idea romántica de la cuarentena para todos.

Asimismo, en América Latina distintos medios de comunicación han desarrollado un discurso exclusivo y excluyente de veinticuatro horas, los siete días de la semana dedicado únicamente a las cifras de la pandemia. La peligrosidad de este discurso no solo radica en el miedo al que se somete una población ni al estrés continuo, sino que también genera una especie de amnesia sobre una de las realidades que nos compete: la violencia contra la mujer, así como la violencia contra los niños y las niñas. Y aclaro: no digo que los fallecimientos por covid-19 sean menos importes, en absoluto. Sin embargo, cabe destacar que, al fomentarse un ambiente de preocupación constante, se descuidan otros asuntos y delitos que, por lo tanto, adquieren un cariz secundario o terciario justamente por no pertenecer al contexto de la emergencia sanitaria. En este sentido, para muchas familias latinoamericanas, el resguardarse en casa podrá proteger a las personas del virus, pero no de los gritos ni de los golpes del machismo y mucho menos de las agresiones que éste reproduzca tales como el abuso sexual o los feminicidios. Si bien, la violencia en contra de las mujeres no es exclusiva de un espacio privado como el del hogar —pues en lo que va de la cuarentena se han atacado a mujeres cuando han salido de ella— es uno de los lugares donde ser mujer implica un mayor riesgo.

En este sentido, distintos gobiernos en Latinoamérica como: Colombia, El Salvador, Chile, Costa Rica, Argentina, Paraguay, Guatemala, Perú, México, Panamá, Bolivia, Brasil, Uruguay y Ecuador habilitaron números telefónicos para denunciar y atender a la población que padezca violencia intrafamiliar y/o violencia de género. Mientras tanto, en Cuba se habilitaron dos propuestas para combatir la violencia contra las mujeres: la primera es YoSíTeCreoenCuba, donde se brinda apoyo psicológico y legal a través de Facebook y una línea telefónica; la segunda es la campaña por la no violencia hacia las mujeres y las niñas. Pese a tales iniciativas, la violencia de género sigue latente en plena cuarentena, como se señala a continuación:

1. En Argentina, el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora que sí nos ven” señaló que desde el 20 de marzo al 12 de abril se perpetuaron al menos 18 feminicidios. Entre los casos se encuentran los de María Alejandra Sarmiento, Cristina Iglesias y su hija Ada y el de una bebé de dos meses.

2. De acuerdo con Frida Guerrera: en México se han asesinado a 209 mujeres y niñas, entre ellas están Ana Paola y Jennifer.

3. En Colombia se han asesinado a 12 mujeres desde el 20 de marzo al 4 de abril.

4. En Bolivia, hasta el 12 de abril se tenían consignados 545 casos de violencia intrafamiliar; sin embargo, en Santa Cruz se tenían contabilizados al menos 221 de éstos. Cabe señalar que en esta región se concentra la mitad de los casos por coronavirus en ese país.

5. Hasta ahora, en Perú, se tienen contabilizados un feminicidio y el abuso sexual de dos menores de edad y más de 200 denuncias por maltrato y violencia en contra de la mujer.

6. En Chile hasta el momento: se conoce del abuso sexual que padeció una mujer de 57 años en Chillán. Sin embargo, el Ministerio de la Mujer ha informado que la violencia en contra de las mujeres ha disminuido considerablemente, lo que no exime al país sudamericano de ser un territorio completamente seguro para las mujeres.

7. Y, en países como Paraguay y Ecuador, de acuerdo a lo declarado por sus autoridades: las denuncias sobre la violencia intrafamiliar y los feminicidios han disminuido en comparación con años anteriores. Mas, ello no implica que se hayan dejado de agredir y asesinar a las mujeres ni a las niñas. Por lo cual no pueden considerarse territorios libres de la violencia de género.

Cabe señalar que las cifras aquí consignadas son aproximadas, pues en el caso argentino: La Casa del Encuentro ya contabiliza 21 mujeres asesinas; mientras que, en Colombia, de acuerdo a ONU Mujeres y la Fiscalía General de ese país, indican que ya son, al menos, 19 feminicidios. Por lo que, no podemos dar por sentado que son todas las mujeres y niñas que nos hacen falta ni todas las que han sido agredidas, ya que la cifra debe ser mucho más alta por aquello de los casos que no han sido denunciados más todos los crímenes y delitos que se desconocen ante las autoridades. Asimismo, pese al confinamiento, por ejemplo, tan solo en Argentina, se usaron armas blancas, armas de fuego, golpes y fuego en contra de los cuerpos femeninos. Por tanto, ni el machismo ni la misoginia están en cuarentena; sin embargo, como son factores ajenos a la propagación de la pandemia, no son temáticas que se comuniquen diaria y constantemente a la población latinoamericana. Ni tampoco ha sido un tema que haya sido evaluado y contrarrestado de manera eficaz en la agenda internacional del mundo. De modo que, mientras más exhaustivo y desgastante sea el discurso informativo de la pandemia más se relegarán otros aspectos que también le conciernen a la sociedad, por lo que continuaremos bajo un discurso donde nuevamente la violencia en contra de las mujeres se intente borrar, y en muchos casos, olvidar.

Si bien, la propagación del covid-19 es un tema que nos incumbe a todos, también la erradicación de la violencia machista, lo es. Así como hemos hecho todo lo que está en nuestras manos para evitar contagiarnos y evitar infectar a los nuestros, ¿por qué no hacemos lo mismo para evitar la propagación del machismo? ¿Acaso el machismo no se contagia y no se reproduce? ¿En qué momento la pandemia nos hizo dejar de lado las demás problemáticas que ya existían en nuestras sociedades? Respecto a esto, Ana Güezmes, representante de la ONU Mujeres en Colombia, declaró lo siguiente: “Mientras el país se estremece con el número creciente de fallecidos por covid-19, no ocurre lo mismo con los asesinatos de mujeres y la violencia sexual que sufren”. Situación que ocurre en el grueso de nuestras sociedades latinoamericanas donde impera la mortificación diaria por observar cómo ascienden los números de casos confirmados, así como el de las defunciones; pero que, desde hace años, incluso décadas: no se han preocupado por la estrepitosa cantidad de mujeres y de niñas que nos han arrebatado. Por qué, entonces, sí nos preocupa evitar contagiarnos y proteger a nuestros seres queridos; pero no nos alarma que incluso en su propia casa: las niñas, los niños y las mujeres sean víctimas fatales del machismo, de la violencia intrafamiliar y de las desigualdades que rigen nuestras sociedades.

Por otra parte, debemos señalar que en nuestras sociedades latinoamericanas antes y durante la pandemia: la violencia de género y los feminicidios ha sido y siguen siendo minimizados. Estas sociedades han intentado borrar esa parte nuestra historia; han querido suprimir el nombre de cada una de las que nos faltan; estas sociedades han efectuado una impunidad histórica para eliminarlas de la memoria colectiva. Han querido que las olvidemos, que las convirtamos en meras cifras deshumanizadas. Han querido que las enterremos en el silencio; han intentado exterminarnos; nos han castigado por gritar sus nombres, por recordarlas, por clamar justicia por todas las que nos faltan. Esas sociedades son las mismas que nos han mostrado que en América Latina las vidas de las mujeres muchas veces no son consideradas como vidas, y sus cuerpos tampoco tienen derecho al duelo, tal y como lo señala Judith Butler en Marcos de guerra (2010). Incluso, para estas sociedades latinoamericanas: el covid-19 es mucho más letal y amenazador que el machismo y la misoginia. Por ello, valdría la pena preguntarnos por qué nos alarma saber si alguien de nuestra colonia, de nuestra unidad habitacional, de nuestra familia tiene covid-19; pero no nos inquieta enteramos de otro caso de abuso sexual ni de otro feminicidio.

Y aunque distintos gobiernos han intentado enfrentar la violencia de género en sus respectivos países, la lucha aún es larga; pues mientras no se generen medidas para sancionar, castigar, evitar y prohibir la reproducción de la violencia contra la mujer, así como legislaciones para educar a la sociedad con una perspectiva de género: las mujeres seguirán en peligro, el cual se aumentará considerablemente por cada hora y por cada día que deban convivir con sus agresores. Mientras esto sucede, la sociedad debería ser capaz de interceptar ese riesgo que corren las mujeres de ser otra vez nulificadas mediante la denuncia de cualquier acto que ponga en riesgo la vida de las mujeres, así como la de los niños y las niñas. Por tal motivo, distintas colectivas y organizaciones feministas han generado redes de apoyo para contener, orientar, apoyar y cuidar las mujeres como a los y las menores de edad.

Las mujeres desde antes de la pandemia ya habían creado estrategias para continuar la lucha para abolir la violencia y la degradación que sufren muchas de ellas; asimismo, ellas siguen visibilizando todas esas actitudes patriarcales que se han normalizado en nuestras sociedades. Al final, sus redes, sus lazos, su sororidad les han ayudado a luchar en contra del sistema patriarcal, en contra de las prácticas machistas y misóginas antes de la pandemia; y éstas mismas serán las que pese a la exclusividad del discurso de la pandemia denuncien y protejan a todas las personas que lo necesiten. Asimismo, ese sororo rugir del amor que comparten muchas mujeres será el que les dé fuerzas para evitar que se emplee el discurso de la cuarentena como pretexto para las autoridades continúen con la impunidad en los casos de todas las que les han arrebatado, de todas las que han sido agredidas. Las mujeres aún tienen una ardua lucha, pues serán las que exijan justicia: ellas impedirán que la sociedad olvide la violencia de género; además de recordarle a la sociedad que a pesar del confinamiento: ninguna mujer volverá a estar sola, nunca más.

Para finalizar, así como muchas personas esperan el fin del confinamiento para poder salir de sus casas para ir a trabajar, abrazar a sus seres queridos y volver a la diversión social: habrá niñas, niños y mujeres que no podrán hacerlo porque alguien les habrá impedido la oportunidad de vivir y continuar. Motivo por el que deberíamos preguntarnos: qué estamos dispuestos a hacer como sociedad post-cuarentena para aplanar la curva de los feminicidios y la de la violencia de género en el mundo. ¿Será que por fin seremos capaces de observar que, así como el covid-19 tiene una población vulnerable, el machismo también ha designado a su propio grupo, mismo del que año con año cobra la vida de miles en el mundo? Tal vez podamos lograrlo; sin embargo, para que ello ocurra, primero debemos combatir esta especie de amnesia, de olvido, con la que se intenta encubrir la violencia machista que enfrentan muchas familias en medio de la pandemia.


Nayeli Reyes Romero

Hispanista, latinoamericanista; editora y profesora de literatura. Entre sus líneas de investigación destacan: la literatura chilena de postdictadura; los gobiernos dictatoriales; el negacionismo; los derechos humanos; así como el rescate de la memoria social e histórica y las políticas de memoria y de punto final.

nayelial.unam@gmail.com

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