El ocaso de Mahathir

Dedicado a mi hijo Lenin Octavio por su cumpleaños

A fines de febrero pasado, Mahathir Mohamad -político malasio de gran trayectoria y personaje altamente respetado por los líderes de Asia oriental y sudoriental- renunció al cargo de Primer Ministro, poniendo fin inesperadamente a su gestión al frente de Malasia, la segunda en su vida luego de haber desempeñado tan alto cargo también entre 1981 y 2003. En 2018, Mahathir sorprendió a la opinión pública al abandonar el retiro de la política que se había impuesto desde 2003 para postularse a la jefatura de Malasia a la edad de 92 años, logrando derrotar al Frente Nacional, coalición política responsable de gobernar al país desde 1957, aprovechando el fuerte malestar de la población en contra del incremento en los costos de vida y los escándalos de corrupción que alcanzaban incluso a Najib Razak, el ex Primer Ministro derrotado en la contienda de hace dos años.

Con su triunfo electoral, Mahathir dejó boquiabiertos a propios y extraños pues pocos consideraban seriamente las posibilidades de su candidatura tomando en cuenta la edad tan avanzada de dicho personaje aún cuando Mahathir dispone de una lucidez y un dinamismo dignos de cualquier estadista en plena madurez, capitalizando su popularidad y apuntalando su postulación con la promesa de eliminar la corrupción y de promover el fortalecimiento de la economía nacional hasta hacer nuevamente de Malasia un tigre asiático, tal como él mismo consiguió hacerlo durante su primer mandato. Si bien Mahathir es un personaje poco conocido en México, la relevancia de su figura como líder reformista y promotor de la integración regional en Asia oriental es motivo suficiente para dedicarle el presente texto a modo de homenaje ahora que su carrera política parece haber llegado a su final definitivo aunque es necesario ofrecer primero al lector una contextualización sobre aquella nación del sureste asiático a fin de lograr una mayor comprensión de la trascendencia de Mahathir.

Independiente desde 1957, Malasia cuenta actualmente con una población superior a los treinta y dos millones de habitantes, integrada por tres comunidades étnicas principales: los malayos, quienes constituyen la etnia mayoritaria, son musulmanes y han ejercido el control sobre los asuntos políticos nacionales amparados en su condición de pobladores originales del país. A ellos se agrega una comunidad de origen chino y otra de origen indio, integradas por los descendientes de los inmigrantes llegados al país desde el establecimiento del dominio inglés sobre Malasia en el siglo XIX: gracias a la fundación de minas y plantaciones durante la época colonial, los ingleses no sólo consiguieron atraer mano de obra extranjera empleada para realizar las tareas requeridas en dichas empresas sino que además introdujeron las bases de la estructura económica que Malasia heredó al convertirse en un país productor de bienes primarios entre los que encontramos el estaño, el petróleo, el caucho y el aceite de palma.

Eventualmente, los descendientes de aquellos inmigrantes -especialmente los procedentes de China- lograron prosperar gracias a su dedicación y disciplina, incursionando en actividades como el comercio y la fundación de pequeñas empresas, hasta convertirse en los antecesores de la actual clase empresarial malasia cuya prosperidad ha despertado con frecuencia la envidia de los malayos nativos del país, grupo dedicado usualmente a la agricultura de subsistencia y poseedor de una menor renta económica en comparación con las otras dos comunidades pese a haber recibido programas de apoyo directo del gobierno nacional desde la independencia: tal disparidad económica ha sido motivo frecuente de roces entre los malayos y los chinos malasios, aún cuando se ha procurado garantizar la representación de cada comunidad étnica en el gobierno malasio desde la fundación del país: si bien Malasia es formalmente una monarquía cuyo titular debe ser obligatoriamente un sultán malayo, el poder ejecutivo ha sido ejercido por el líder de una coalición, el llamado Frente Nacional, integrada por organizaciones representativas de las tres principales comunidades étnicas del país: la UMNO malaya, la MCA china y la MIC india.

Ese era el país que Mahathir recibió al convertirse en Primer Ministro en 1981: subdesarrollado, dependiente de los ingresos obtenidos por la exportación de productos agrícolas y minerales, además de carente de un verdadero sentido de unidad nacional por las diferencias persistentes entre malayos, chinos e indios; para Mahathir, tal situación era insostenible si es que se anhelaba hacer de Malasia una nación próspera, equitativa y verdaderamente independiente, por lo que tal personaje se propuso impulsar la transformación del país.

Para lograr tal objetivo, el gobierno de Mahathir promovió la industrialización del país ofreciendo oportunidades atractivas para el establecimiento de distintas empresas japonesas en Malasia cuyos requerimientos favorecieran la aparición de compañías proveedoras locales. Además, las autoridades fortalecieron a Petronas, la empresa petrolera nacional, para permitirle incursionar en el ámbito de la petroquímica y otros sectores inexplorados hasta entonces -como la explotación de yacimientos en aguas profundas- con tal de diversificar su gama de operaciones y así permitirle trascender su condición como simple productora de petróleo crudo hasta llegar a convertirla en una compañía líder en el sector energético.

Asimismo, el Estado malasio apoyó la creación de empresas nacionales en el sector de la electrónica, además de fortalecer entidades bancarias y de servicios a fin de modernizar el mercado nacional. Inclusive, el propio Mahathir se involucró personalmente en la fundación de Proton, la empresa automotriz nacional cuya materialización fue resultado de un exitoso esquema de colaboración con Mitsubishi que permitió al país producir sus propios vehículos con tal de no ser un simple consumidor de automóviles manufacturados por compañías extranjeras: cabe recordar que dicho proyecto fue severamente criticado tras ser anunciado por la oficina del Primer Ministro pues se le consideró una iniciativa destinada al fracaso en tanto Malasia carecía de la tecnología y el conocimiento especializado para llevarla a la práctica, si bien su realización refleja tanto la habilidad de Mahathir para las negociaciones de alto nivel al conseguir involucrar a Mitsubishi en tal propuesta como la determinación de tal personaje orientada a convertir a Malasia en un país industrializado cuya subsistencia no dependiera exclusivamente de la exportación de bienes primarios, oponiéndose en la práctica a los dictados de la economía política fundada en el principio de las ventajas comparativas tan común entre los líderes de las naciones en vías de desarrollo.

Para apuntalar la vinculación  de Malasia con la economía internacional, el gobierno de Mahathir además fundó MATRADE, la agencia oficial responsable tanto por la promoción de las exportaciones malasias como por la atracción de inversiones foráneas para el país y cuya existencia ha sido clave para posicionar adecuadamente a Malasia en la economía global.

En el plano de la política exterior, el gobierno de Mahathir se distinguió por su empeño en dotar a Malasia de una influencia relevante en la escena regional al destacarse como uno de los principales impulsores de la cooperación entre los países del este y el sureste de Asia: desde los comienzos de la década de 1990, Mahathir consideró que los gobiernos de los países enclavados en ambas regiones debían percibir a las negociaciones que condujeron tanto a la firma del TLCAN entre los países de América del norte como a la conformación de la Unión Europea como un estímulo para conformar un bloque regional propio a fin de proteger sus intereses comerciales frente a las maniobras realizadas por las potencias occidentales.

Por ello, Mahathir -junto con el singapurense Lee Kuan Yew- promovió el acercamiento entre los países integrantes de ASEAN -la Asociación de Naciones del Sureste de Asia- con Japón, China y Corea del sur a fin de establecer distintos esquemas de cooperación orientados a fortalecer la interdependencia económica existente entre las naciones de Asia oriental y sudoriental, lo cual permitió el establecimiento del mecanismo denominado ASEAN+3. En este sentido, las autoridades malasias promovieron especialmente la realización de un acercamiento entre los países integrantes de ASEAN con China, algo impensable durante la Guerra Fría cuando la mayoría de los gobiernos participantes en dicha organización regional consideraba a China como un país hostil y poco confiable de acuerdo con el perfil ideológico de la RPCh.  Sin embargo, el fin de la Guerra Fría y el crecimiento económico registrado por China desde la década de 1980 obligaron a Mahathir a reconsiderar su actitud frente a aquella nación: para dicho personaje, ahora resultaba conveniente dejar de considerar a China como una amenaza para la región con tal de aprovechar las oportunidades comerciales que Malasia y los demás países del sureste asiático podrían obtener gracias al incremento de las importaciones realizadas por China para cubrir los requerimientos de su economía, estableciendo la pauta para la conformación de la alianza estratégica que existe actualmente entre ASEAN y la RPCh.

Más allá del entorno geográfico inmediato, Mahathir también se distinguió por expresar opiniones polémicas en torno a distintas cuestiones: desde las críticas a los programas de rescate financiero amparados por el FMI, los cuales rechazó aplicar en Malasia tras el inicio de la crisis asiática de 1997 por considerarlos lesivos a la economía de su país, a los cuestionamientos dirigidos en contra de países como Estados Unidos o Israel tras manifestar abiertamente su oposición a acciones como la invasión estadounidense a Irak en 2003 o la ocupación sostenida de los territorios palestinos por parte del gobierno israelí, comentarios que le ganaron el rechazo de Washington y Tel Aviv aunque también le permitieron incrementar su popularidad al interior de Malasia y frente a buena parte de la comunidad musulmana internacional. Una vez dicho lo anterior, el lector podrá apreciar la relevancia de Mahathir como un personaje clave en la modernización de Malasia y la reconfiguración del orden regional en Asia oriental, logros que le permitieron conservar una influencia considerable sobre la vida pública de su país pese a haber optado por el retiro de la política desde el fin de su primer mandato a fines de 2003.

Durante los siguientes quince años, Mahathir adoptó una actitud de esfinge siguiendo con discreción los pormenores de la política malasia mientras sólo se permitía emitir ocasionalmente alguna opinión sobre los principales acontecimientos nacionales de tal forma que pocos consideraron seriamente la posibilidad de su retorno a los primeros planos considerando la edad de dicho personaje: en mayo de 2017, empero, Mahathir manifestó públicamente la tristeza que la venta parcial de Proton a la empresa automotriz china Geely produjo en él señalando que dicha operación era el comienzo de la venta total de los activos de Malasia al extranjero, tal como había señalado anteriormente al cuestionar los tratos establecidos por el gobierno del Primer Ministro Najib Razak con China por considerarlos inconvenientes al interés nacional de Malasia, criticando en particular el proyecto para construir una vía ferroviaria entre China y Singapur cuyo recorrido debería atravesar territorio malasio pues existen sospechas de que la propuesta presupuestal destinada a su realización fue elaborada con sobreprecios bajo la mirada complaciente de Najib, personaje también acusado de haberse apropiado ilegalmente de los recursos millonarios manejados por el fondo de inversión estatal 1MDB.

No obstante, pocos ciudadanos malasios esperaban que Mahathir encabezara la oposición frente a Najib pues no sólo ambos personajes eran militantes de UMNO sino que además él mismo declaró que moriría pronto pues ya tenía una edad superior al promedio de vida de la población malasia, por lo cual el lector podrá imaginarse la sorpresa mayúscula generada por Mahathir cuando éste anunció a comienzos de 2018 que disputaría la jefatura del gobierno nacional a Najib en las elecciones de ese año. Para conseguir tal objetivo, Mahathir integró una coalición bautizada como la Alianza por la EsperanzaPakatan Harapan, por su nombre en malayo- cuyas filas fueron reforzadas con la inclusión de Anwar Ibrahim, un político malasio muy popular cuya relación con Mahathir ha sido tortuosa en el pasado a pesar de haber sido también uno de sus principales colaboradores durante su primer mandato: aliados en alguna época, rivales en otro momento, la unión entre ambos personajes fue clave para lograr atraer los votos de un sector mayoritario del electorado malasio, agobiado además por el incremento en los costos de vida registrados durante los últimos años e indignado por los escándalos de corrupción vinculados con Najib y varios de los principales dirigentes de UMNO. De esta forma, la Alianza por la Esperanza logró alzarse con la victoria en las elecciones de mayo de 2018, poniendo fin al mandato ejercido por el Frente Nacional desde 1957 y permitiendo a Mahathir convertirse nuevamente en Primer Ministro, esta vez a la edad insólita de 93 años.

Consciente de su edad, Mahathir prometió encabezar la jefatura del gobierno malasio sólo por dos años para después ceder su lugar a Anwar Ibrahim si bien con el paso de los meses siguientes el dinamismo mostrado por el nonagenario Primer Ministro en el desempeño de sus atribuciones despertó dudas sobre si Mahathir cumpliría su promesa, provocando la inquietud de los seguidores de su aliado político al tiempo que también aparecieron señales de fractura al interior de la nueva coalición gobernante. Mientras tanto, Mahathir se mostró determinado a combatir la corrupción asociada con el gobierno anterior al ordenar enjuiciar a Najib Razak mientras dio instrucciones para recuperar los fondos asociados con el escándalo 1MDB presuntamente depositados por el ex Primer Ministro en bancos del extranjero, lo cual ha generado una controversia entre el gobierno malasio y la entidad financiera Goldman Sachs pues ésta se ha negado a devolver el dinero en disputa tras reconocer tener posesión de un monto inferior al reclamado por las autoridades de Kuala Lumpur.

En el ámbito exterior, Mahathir también se ha mostrado bastante activo procurando recuperar un puesto protagónico para Malasia frente a la región mientras su gobierno asumió como prioridad la organización de la cumbre de APEC que habrá de celebrarse en aquel país en noviembre próximo, la cual ya no podrá ser presidida por él tras su renuncia a la jefatura del gobierno malasio. Mientras duró su mandato, Mahathir además se permitió cuestionar a Estados Unidos, ya sea por la guerra comercial impulsada por Washington contra China como por el plan de paz para Medio Oriente anunciado este año por el actual ocupante de la Casa Blanca, señalando que ambas acciones son contrarias a la estabilidad mundial; en una entrevista reciente con el diario South China Morning Post, Mahathir incluso llegó a declarar que Malasia preferiría alinearse con China -aunque sin acatar ciegamente a Beijing, pues el propio Mahathir ha manifestado su oposición a varias iniciativas impulsadas por China en el marco del megaproyecto conocido como la Nueva Ruta de la Seda– en caso de verse obligada a apoyar a alguna de las dos potencias pues él considera que la RPCh representa un contrapeso a la hegemonía estadounidense, lo cual resulta indispensable en la actualidad ante el carácter voluble de las políticas aplicadas por la administración Trump: por lo anterior, podemos deducir que la postura de Mahathir seguro despertó viejas antipatías hacia su persona entre los integrantes de la elite política estadounidense. 

No obstante, a fines de febrero pasado Mahathir volvió a sorprender al mundo entero tras anunciar su renuncia al cargo de Primer Ministro luego de que los seguidores de Anwar Ibrahim exigieran públicamente una fecha concreta para la transferencia del poder a este último, lo cual pareció confirmar la fractura al interior del grupo dirigente ante la opinión pública. Ante tal situación, el sultán Abdullah Ahmad Shah, actual monarca de Malasia, pidió a Mahathir encabezar el gobierno de manera interina mientras decidía quién sería su sucesor como Primer Ministro, designando pocos días después a Muhyiddin Yassin como nuevo jefe de gobierno. Al respecto, cabe destacar que el nuevo Primer Ministro malasio formó parte tanto del gabinete de Najib Razak -quien lo despidió luego de que Yassin se sumara a los cuestionamientos contra su jefe por su involucramiento en el caso IMDB- como de Mahathir en el segundo mandato de este último, lo cual confirma la existencia de rivalidades al interior del grupo gobernante en tanto Yassin se movilizó con rapidez para ganar el respaldo de los parlamentarios de UMNO y las demás fuerzas del Frente Nacional a fin de presentarse ante el rey como el candidato con mayores posibilidades para encabezar un nuevo gobierno a pesar de estar enterado sobre los esfuerzos que Mahathir estaba realizando para restablecer la cooperación con Anwar Ibrahim y el resto de las fuerzas integrantes de la Alianza por la Esperanza.

Sin duda, la designación de Yassin también fue resultado de las preferencias personales del sultán Abdullah pues es sabido que la realeza malasia no simpatiza del todo con Mahathir por las restricciones impuestas por dicho personaje a las prerrogativas de los sultanes durante su primer mandato. Tras el nombramiento de Yassin, Mahathir acusó a dicho personaje de haber cometido traición contra su persona y se negó a reconocerlo como nuevo jefe de gobierno, prometiendo promover un voto de censura contra él en el Parlamento una vez que se reanuden las sesiones del mismo y ello no ocurrirá pronto si consideramos la parálisis de la vida pública existente hoy día en Malasia a raíz de la cuarentena establecida para combatir la pandemia provocada por el coronavirus. Ahora bien, la caída de Mahathir no sólo fue resultado de las ambiciones existentes al interior del grupo de colaboradores del ex Primer Ministro ni de las preferencias del actual monarca malasio pues la situación en Malasia se había enrarecido en los últimos meses conforme los líderes de UMNO -en el bando de la oposición por primera vez en su historia- aprovecharon el malestar provocado por la actual contracción económica del país para despertar la desconfianza de la población hacia el gobierno de Mahathir, acusándolo de no resolver con rapidez la contingencia sanitaria derivada de los contagios registrados de COVID-19 en Malasia. Por si ello no fuera suficiente, existe evidencia de que UMNO ha promovido la reaparición de las rivalidades étnicas en el país tras acusar a Mahathir de descuidar los intereses de los malayos frente a la comunidad china malasia, lo cual representa un tema muy sensible para la mayoría de origen malayo.

De manera por demás significativa, Yassin -político formado en las filas de UMNO- ha manifestado públicamente que él se considera malayo antes que malasio, lo cual no sólo confirma sus preferencias personales -algo por demás censurable en un país con episodios de enfrentamientos intercomunales- sino que también confirma la reimposición de la visión prevaleciente desde la independencia del país: un Estado que se asume como representante de los intereses de la comunidad malaya aunque ello signifique impedir la formación de una verdadera unidad nacional entre todas las comunidades que integran la población del país. Además, el regreso de UMNO al gobierno nacional podría representar una garantía de impunidad contra la corrupción que ha proliferado entre las filas de la elite gobernante malasia durante los últimos años, tal como sugiere el mensaje de felicitación a Yassin emitido por Najib Razak pocas horas después de su designación como nuevo Primer Ministro.

En este escenario, resulta inquietante confirmar que Malasia habrá de enfrentar la actual contingencia sanitaria y la consecuente contracción económica con un gobierno encabezado por un político sin experiencia como estadista pero respaldado por un partido acusado de corrupción, haciendo a un lado a un personaje como Mahathir cuyo capacidad de liderazgo ha sido sometida a diferentes pruebas en el pasado: ¿Será acaso que la corrupción está tan enraizada entre las filas de la clase gobernante malasia que la elite de aquel país prefiere sacrificar a Mahathir con tal de proteger sus intereses?

Si bien es muy pronto para responder esta interrogante, todo parece indicar que la carrera política de Mahathir ahora sí ha llegado a su fin si consideramos que ya ronda los 95 años de edad: un líder con las credenciales de Mahathir como responsable por la modernización de Malasia y el mejoramiento de la imagen de su país en la escena internacional sin duda merecía concluir su desempeño público con un sólido reconocimiento a su labor pero su caída tan sólo nos confirma que todo puede pasar en estos tiempos de incertidumbre global; ¡Mahathir ha caído, larga vida a Mahathir!


Fernando Octavio Hernández Sánchez

Licenciado en Historia por la UAM-I, así como Maestro en Estudios de Asia y África por El Colegio de México. Actualmente es coordinador académico en la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac México y profesor de historia de las Relaciones Internacionales en la FES-Aragón de la UNAM.

fohdzsanchez@anahuac.mx

Publicado por CELAEI

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