Estereotipos: disputar y liberar el cuerpo de la mujer

La búsqueda del cuerpo femenino perfecto nos ha llevado a un mundo de inseguridades y consecuencias que no fueron visibilizadas sino después de muchos años gracias a redes sociales y otros medios. Irónicamente, las redes sociales significan una imposición de una forma de vida, de pensar o un estándar físico, pero al mismo tiempo son la apertura a nuevas realidades donde se plasman problemas que en muchas ocasiones son callados por medios de comunicación tradicionales: problemas personales, problemas alimenticios, baja autoestima, etcétera. Marilyn Monroe fue una mujer que revolucionó su época por sus acciones y su cuerpo, pues no cumplía con los estándares de belleza y comportamiento del siglo XX ya que, a comparación de otras mujeres no era tan delgada ni tímida. Tuvo apariciones importantes en películas y fue premiada por su trabajo, es recordada hasta la fecha como una mujer extrovertida que nunca se dejó llevar por lo políticamente correcto de su tiempo, por ser una persona muy erótica, actualmente se le recuerda mucho más por su físico que por el gran interés que tenía de aprender sobre actuación y otras actividades.

Mientras más lo pienso, menos entiendo por qué debería de sorprendernos la actitud de Marilyn Monroe, solo era una mujer siendo ella misma, sin prejuicios y sin querer encajar. Generación tras generación nos han inculcado a tener la aprobación de alguien, de nuestra madre; de nuestro padre; de nuestro esposo; de nuestro novio; y actualmente, por el número de likes que tenemos; cuando la única medida de aprobación que debemos tener es nuestra felicidad y bienestar. En México, la famosa Fiesta de XV años, en nuestros días, se ha ido desvaneciendo. Fiesta que nació como una forma de dar a conocer que la niña ya estaba lista para salir de su casa y casarse para así empezar con el ciclo de la vida de una mujer: nacer, aprender actividades de casa, probablemente estudiar, casarse, reproducirse, atender al esposo, y finalmente: morir. Las adolescentes dejan de ver esta fiesta con ilusión y empiezan a interesarse en nuevas actividades para su cumpleaños.

Pero todavía hay mucho camino por recorrer pues el olvido de estas costumbres no significa que cada día seamos más libres, el problema también viene desde casa, y no solo me refiero a nuestros padres, me refiero a tíos, abuelos, etc., que aún no son conscientes de todo el daño que pueden causar con algunas palabras. A cuántas de nosotras no nos han dicho cómo debemos actuar y vestir para ser respetadas, qué debemos comprar para lucir bien y cómo debemos maquillarnos para vernos bonitas, acompañado de reglas que hombres y mujeres deben seguir para ser considerados como un buen hombre o una buena mujer: el hombre no llora y no expresa sus sentimientos, la mujer es histérica y sentimental. No me atrevo a señalarlos directamente, pues entiendo que la generación en la que nacieron es muy diferente a la nuestra, pero espero que poco a poco estas actitudes y frases se vayan eliminando de nuestra vida cotidiana y que las mujeres que tienen que escuchar esto a diario expongan su desagrado. Si buscamos un cambio debemos empezar con pequeñas acciones, sin dejar de lado la importancia y efectividad de los movimientos masivos que buscan una respuesta política y social rápida.

La educación machista que muchos de nuestros familiares, y antecesores de estos, han reproducido inconscientemente a lo largo de toda su vida y que en la actualidad aún no es remplazada ha tenido importantes estragos en las generaciones actuales. Muchos hombres aún creen que ayudar en casa es símbolo de castigo y que deben sentir vergüenza al admitirlo. Muchas mujeres sienten pena cuando muestran su piel con vellos, su cara sin maquillaje o sus estrías; incluso reprimen su interés en algunos aspectos como las modificaciones corporales (tatuajes, piercings) por temor a dañar su imagen en la familia y porque constantemente reciben comentarios de lo que es femenino y lo que no lo es. La educación, la búsqueda de la aceptación de nuestros mayores, las bromas y apodos que se creen que son inofensivos, desatan una ola de inseguridades que mayormente son vividas por las mujeres.

Las prioridades empiezan a cambiar y en vez de preocuparnos por nuestro futuro académico o nuestras metas personales, nuestra mente es ocupada por pensamientos acerca de nuestro físico: comenzamos a limitar o eliminar lo que nos gusta comer para bajar los kilos extras que tenemos a partir de una regla, con variantes universales, sin tomar en cuenta que cada cuerpo es diferente y estar acorde a medidas de este tipo no significa que estemos sanas. Sentirnos bien o mal, dependiendo qué talla de pantalón somos, es otra de las preocupaciones que muchas mujeres tienen cada vez que visitan una tienda de ropa: no solo por el miedo a ser una talla más grande que la ocasión pasada (y todos los problemas de autoestima que eso conlleva), sino por las miradas de las personas alrededor y esa burla del empleado al ver que necesitas una talla más, ¿en serio nuestra felicidad depende del tamaño de nuestra cintura y caderas?

Como consecuencia de toda la presión que pueden llegar a tener las mujeres en la sociedad, incluso, algunas de ellas recurren a operaciones estéticas para sentirse bien con ellas mismas y sentir la aprobación de la mayoría (no busco generalizar, soy consciente de que hay mujeres que se someten a operaciones estéticas sin ningún tipo de presión social). Las mujeres que sufren de esta presión, aún después del proceso, les apena admitir que se sometieron a una operación, pues también serían señaladas por tomar esta decisión. El problema comienza cuando la mujer no busca cambiar solo un defecto que socialmente fue construido sobre ella y crea una dependencia hacia este tipo de procesos para cambiar radicalmente su cuerpo. Quiero resaltar que no estoy en contra de las operaciones estéticas, estoy en contra de la presión social que obliga a las mujeres a buscar estos procesos solo para ser aceptadas en su círculo social o de trabajo, este tipo de decisiones solo se deben tomar por el gusto de las mismas mujeres. Aunque parezca que a lo largo de los años nos han dado más libertades, ha sido una libertad falsa en algunos aspectos, pues aún, y de forma inconsciente, buscamos cumplir con un comportamiento dado. Queda en nosotras empezar a ser conscientes de aquellas acciones que aún realizamos por presión social y no porque nos hagan sentir bien, pues vivir acomplejadas con lo que hacemos o no hacemos, todavía es un sentimiento que muchas tienen a diario. Se tiene que buscar esa independencia por la que muchas mujeres han luchado y todavía no es conseguida al cien por ciento.

El mejor ejemplo que la televisión internacional nos pudo dar es el de Miss Universo, programa donde se ponen a competir, como si fueran ganado, a 90 mujeres del mundo para saber quién es más linda. Sin importar la variedad de cuerpos que hay en el mundo, ponen requisitos para que las chicas puedan entrar al concurso, incluso, operan sus cuerpos para poder entrar. Una vez dentro, tienen que pasar por varias pruebas, donde deben demostrar si saben caminar en tacones con diferentes vestimentas y de forma adecuada, así como prepararlas para contestar una simple pregunta de interés mundial que no busca hacer un cambio, pero pretende darle credibilidad al reality. La ganadora recibe el reconocimiento mundial y es felicitada en medios de comunicación tradicionales, además de recibir un sueldo anual de 250 mil dólares solo por ser más linda que el resto de mujeres, para que después de un año sea reemplazada por otra mujer. No existe un verdadero interés por conocer las aptitudes de las concursantes, las llevan a la extrema presión por ser perfectas y no cometer ningún error (eso les costaría su lugar en el concurso) y provoca una generalización de los cuerpos que, por supuesto, no existe. Actualmente, y por la presión de un mundo cambiante y liberal, el programa les ha dado espacio a mujeres que en años pasados no pudieron haber estado ahí como; la concursante Ángela Ponce quien fue la primera mujer transgénero en poder entrar al concurso; la Miss Universo de Canadá que fue considerada curvy por sus medidas diferentes al resto; y la ganadora de 2019 que es de raza negra y no cumple con la mayoría de los estándares. Sin embargo, se sigue imponiendo, al resto del mundo, el cuerpo ideal que una mujer debe tener, claro, desde una percepción occidental al que el resto del mundo, como es costumbre, debe adaptarse.

Tal como mencioné al inicio de este texto, las redes sociales nos han ayudado a conocer nuevas ideas, así como la gran diversidad, en todos los aspectos, que existe en el mundo. Por ejemplo, Instagram le ha abierto las puertas a muchas mujeres para dar a conocer su realidad, una realidad que muchas veces se intenta esconder o minimizar: se tratan temas de alimentación, salud mental, sexualidad… Me atrevo a decir que puedes aprender mucho más en redes sociales que en tu familia. El movimiento de Body Positive, ha sido muy famoso en Estados Unidos y se ha ido propagando al resto del mundo por diferentes medios, sin embargo, aún hay personas que no conocen acerca de este. Este movimiento busca la aceptación del cuerpo, no intenta imponer una talla ideal, comprende que en el mundo existen mujeres más altas, más delgadas, con caderas anchas y que incluso categorizando a cada a una de las mujeres, habrá alguien que no entre en ninguna de estas categorías, por tanto, el Body Positive, intenta que cada mujer se sienta bien con ella misma: con sus estrías, celulitis, acné, sobrepeso, enfermedades…, no quiere que se encapsulen con la idea de ser como alguien más.

La famosa instagramer y modelo, Tess Holliday ha revolucionado el mundo de las pasarelas con su cuerpo. Desde pequeña buscaba ser modelo, pero su físico siempre fue un impedimento para poder ser aceptada por las marcas. Poco a poco se fue creando voz en redes sociales, usando el #effyourbeatystandards que significa «al diablo con sus estándares de belleza», este hashtag empezó a tomar popularidad pues muchas mujeres se sentían identificadas con él y comenzaron a compartir las inseguridades que ellas tenían sobre sus cuerpos. Actualmente, Tess Holliday es reconocida como una de las primeras y más importantes modelos de tallas extras. En 2015, firmó contrato con la famosa marca de modelos Milk Model Management, siendo así la modelo de talla más grande en esta agencia. En su Instagram aún comparte sus pensamientos sobre su cuerpo y sus sentimientos para seguir apoyando a aquellas chicas que aún se sienten reprimidas socialmente.

Tess Holliday ha tenido que lidiar con comentarios sobre su salud, su físico y comparaciones de mal gusto y así invalidar su opinión. Es verdad, el sobrepeso es una condición que provoca enfermedades peores, sin embargo, esta modelo no busca que todas quienes la siguen sean iguales a ella. Aquí es donde se abren diferentes debates alrededor del Body Positive, algunos critican el movimiento porque creen que incita a que las mujeres se conformen con su cuerpo (y si lo hacen ya no serían deseadas por los hombres) o incluso quieran subir de peso para parecerse a las modelos de tallas extras, pero no son más que mentiras, pues nadie que realmente entienda el fin de este movimiento intentará persuadir a otra persona para ser como ellas. Se intenta que las mujeres se olviden de todas las imposiciones que se les han puesto, directa o indirectamente, a lo largo de sus vidas para que sus mentes se concentren en otras actividades, no se les obliga a comer comida frita, ni empezar a ser sedentarias, se busca que su cuerpo no sea una barrera para lograr sus metas personales. Además, el Body Positive, no se encasilla solo en personas de tallas grandes, el movimiento es para todos quienes no se sientan en paz con su complexión física, sin importar: género, color de piel, edad, estatura, peso, etcétera. Aún hay muchas empresas y marcas que no han elegido expandir su mercado, aunque esto signifique mayor ganancia para ellos, se encuentran aún bajo la filosofía de querer inculcar un modo de vida y de forma indirecta seguir imponiendo los cuerpos ideales que estamos acostumbrados a ver en revistas, anuncios, carteles. Estas marcas provocan que las personas vivan comparándose con imágenes e intenten todo lo que esté en sus manos para conseguir verse como ellas, entre esas cosas: comprar productos y aplicaciones de la propia marca para que puedan “llegar” a tener un cuerpo perfecto y, por otra parte, tener el control en las actividades que sus consumidores tienen para poder seguir atándolos a la marca.

Definitivamente, estamos viviendo un momento histórico a nivel mundial, con países que jamás pensamos aceptando el aborto, el matrimonio homosexual y sociedades hablando sobre temas que antes se quedaban en familia: depresión, ansiedad, inseguridades, libertad sexual. Claro que eran temas que existían, la diferencia era que no se hablaba sobre ello y se reprimía, gente mayor piensa que nos creamos problemas para que nos vean como víctimas, pero siendo sinceros, con el mundo que nos están dejando es imposible no tener ansiedad si tenemos un futuro incierto. No, no somos una generación de blandos somos una generación que no aprendió a callar. Las mujeres ya no buscamos cumplir con el ciclo de vida al que nuestras abuelas estuvieron obligadas: las bodas o tener una pareja de por vida ya no es nuestra mayor ilusión, tener hijos ya no es opción de muchas. Como mujeres todavía tenemos que seguir aguantando discursos de parte de familiares como si no fuésemos seres razonables y todavía necesitáramos la aprobación de alguien para pensar de cierta manera (o incluso se atreven a opinar sobre lo que hacemos con nuestro propio cuerpo y juzgarnos por ello).

Estoy segura de que estamos muy cerca de la victoria, hombres y mujeres estamos luchando constantemente para cambiar pequeñas acciones machistas que han venido arrastrándose desde hace muchos años y así poco a poco liberarnos de estereotipos sin sentido, no vamos a cometer los mismos errores de las generaciones pasadas. No somos el futuro, somos el hoy.


Angélica Guerrero

Egresada del Colegio de Ciencias y Humanidades. Estudiante de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México. Interesada en los movimientos sociales del mundo y los cambios que traen consigo. Uno de mis objetivos es lograr que más personas puedan ver en lo común una palanca hacia una evolución de la ideología colectiva.

@angewa20

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