EE.UU.: su proceso de elección interna, mano blanda con Rusia

El debate demócrata –proceso partidista a la nominación presidencial de EE.UU.– que se llevó a cabo el pasado 25 de febrero, en la ciudad de Charleston, Carolina del Sur, fue la muestra previa del avasallante crecimiento en términos de aceptación que había tenido la figura del Senador independiente por el estado de Vermont, Bernie Sanders, quien fue reconocido en notadas encuestas como vencedor, pese a la estrategia de desprestigio unánime en su contra de los restantes contendientes. Como antesala de un giro inesperado de cara al supermartes del 3 de marzo, cuando 14 estados votaron en las elecciones primarias, el objetivo fue cerrar filas en la elección de los personajes que definirán la candidatura mediante el espaldarazo de su partido frente a las elecciones federales de este año, de esta forma se afianzó la contienda entre solo dos competidores.

La declinación de dos contendientes –la senadora Amy Klobuchar por Minnesota y el ex alcalde de South Bend, Indiana, Pete Buttigieg– y su posterior pronunciamiento de apoyo por Joe Biden, evidenciaron la falta de cohesión que existe dentro del partido, pues es clara y notable la división entre las corrientes internas, las cuales pusieron interés, en algún momento, en apoyar de igual forma al ex alcalde de Nueva York, Mike Bloomberg, las alas conservadora y moderada apostaron por la intervención del millonario ex alcalde –quien se consideró como un fuerte contendiente y personaje contestatario del Presidente Donald Trump– para representar los intereses de los ideales de centro – derecha.

De igual forma que Klobuchar y Buttigieg, fue hasta el 4 de marzo, cuando Bloomberg tomó la decisión de abandonar la carrera también en favor de Biden, ofreciendo su apoyo e infraestructura –más de doscientas oficinas en cuarenta y tres estados– tras declarar gastos por más de USD 500 millones en su campaña mediática y de la que sobresalen sus comentarios personales contra Sanders a quien considera una amenaza a la estabilidad económica de su país.

Actualmente y después de ganar cuatro de los seis estados disputados el 10 de marzo, Biden cuenta con 887 delegados de los 1991 que necesita para afianzar su victoria; por su parte Sanders con 731, sabe que en menos de tres meses se definirá la candidatura en la Convención Nacional Demócrata y este progresista seguirá siendo objeto de constantes señalamientos por sus tendencias socialistas durante el camino, en un país que desde hace décadas asocia el término con el comunismo, y que, ante los puristas del Establishment en EE.UU., evoca los tiempos de la guerra fría que libraron en contra de la ex – Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), por lo cual, se define ahora de ideales socialdemócratas, termino más aceptable para sumar a su base electoral, apoyada por jóvenes latinos y afroamericanos, a quienes les propone un sistema público de salud y pagar las colegiaturas de los universitarios.

Cabe destacar, que en recientes declaraciones Sanders anunció que el aparato de inteligencia de EE.UU. le informó en enero de 2020, que Rusia –fantasma desde las pasadas elecciones presidenciales– está tratando de influir en su nominación, por lo cual el precandidato mandó un mensaje claro para desmarcarse del presidente Vladimir Putin, a quien calificó de matón autocrático y que al contrario de la opinión que tiene Trump de él, no lo considera un amigo.

Lo anterior aviva los rumores de una intervención de los sistemas de espionaje rusos en favor –de nueva cuenta ideas de conspiración– del Presidente Trump y su reelección, así como se sugirió en 2016, mediante el hackeo de cuentas de correo electrónico de personajes relevantes y de propaganda en internet, proceso que se propuso ser desacreditado a través del cuestionado Informe Mueller, reporte que el Fiscal Especial sobre la trama rusa entregó sobre las elecciones, y en el cual, se acusaba sólo a miembros de la inteligencia rusa de inmiscuirse en dicho plan, concluyendo que no existió colusión u obstrucción en el proceso por parte del actual mandatario estadounidense.

La efervescencia de la popularidad de Joe Biden, sugiere de igual forma un apoyo no convencional, pues su campaña recién repuntó, sugiriendo el empuje de un sistema interno como el Establishment, pero de uno ajeno y externo que trata de desestabilizar la elección demócrata que en principio, en una especie de Dialéctica Hegeliana de Moscú, permitiría armar a ambos bandos con el objetivo de descarrilarlos a conveniencia y de ser necesario encumbrar al candidato más ad hoc en la contienda para obtener la reelección de Donald Trump.

Lo anterior propone –dentro del imaginario de una teoría conspirativa– que la era del Trumpismo ejerce su política exterior con una mano blanda con Rusia, consecuencia posible de las acciones realizadas en las pasadas elecciones, pues se ha determinado no aumentar la tensión en la relación con Putin, por el contrario, las sanciones son apenas relevantes, por lo que los negocios, se alude serán en algún momento sustanciosos entre ambos mandatarios, recordemos que la esencia negociadora en lo comercial es el aura que viste a Trump.

Se disputan varios frentes, entre ellos la hegemonía de los territorios en la Antártida, intereses en el medio oriente cercanos al área geoestratégica de influencia de los rusos, guerras en estados periféricos por la supremacía territorial y de recursos energéticos: Afganistán, Corea del Norte, Irán, Iraq y Siria, primordialmente. La carrera armamentística y la salida de EE.UU. del Tratado de Armas Nucleares Intermedias (INF, por sus siglas en inglés) debido a la desproporcionada correlación de fuerzas en contra de Washington, en el tema.

Por otra parte, una supuesta intervención real pudo haber sido realizada por los Servicios de Inteligencia de Ucrania, Estado al que se le condicionó la entrega de ayuda militar para que investigara al hijo del exvicepresidente Joe Biden, y motivo por el cual el presidente Trump fue enjuiciado y posteriormente absuelto de los cargos por Abuso de Poder y Obstrucción al Congreso, en el sonado Impeachment, finalizado el pasado 5 de febrero de 2020.

A manera de conclusión, es relevante observar cómo se generaría una dinámica en la que ambos presidentes, después de la Reforma Constitucional que pretende Putin hacer en la Duma y sumado a la posible reelección de Trump, se permitirían seguir en contacto al más alto nivel los próximos cuatro años, negociando su posición dentro de este nuevo orden tripolar con China.

En EE.UU., existe una percepción influenciada por la ultraderecha que los intereses de los demócratas deben estar representados por Biden, y que el apoyo entregado por parte de los servicios de inteligencia rusos para la campaña de Sanders es para facilitar el camino de la reelección de Donald Trump, ya que no se permitiría que un socialista en la conceptualización del viejo y arraigado término enemigo de la libertad y democracia estadounidenses se posicione en la Casa Blanca.

Por último, es notable que el descarrilamiento de la campaña demócrata influenciada por estos servicios de inteligencia extranjeros, pueda generar la pérdida del control de la Cámara de Representantes, y que los Republicanos puedan llegar a tomar el poder absoluto sin contrapeso sustantivo.


Jonathan Hernández Gallardo

Internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México. Especialista en política, negocios y comercio Internacionales

@jonhgallardo

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