Las mujeres zapatistas contra la violencia de género: un ejemplo para el mundo

Las mujeres indígenas pertenecen a uno de los grupos más violentados en el mundo, pues se enfrentan a diferentes tipos de discriminación, ya sea por cuestiones como: la clase social, el género, por su raza y origen étnico. Ademas, también deben considerarse otras condiciones por las que son oprimidas, a tal grado, incluso, de ser utilizadas como moneda de cambio o de trueque al adquirir diferentes objetos o alimentos para la sobrevivencia, incluso cuando no son utilizadas de tal modo se les designan exclusivamente actividades domésticas y a la crianza de los hijos. Una de las tristes realidades es que las mujeres indígenas, en las formas de organización sociales más machistas y patriarcales, no tienen derecho a opinar o a realizar actividades en pro de sus comunidades por el simple hecho de ser mujeres.

Sin embargo, en el sur México se construyo una excepción a esta condición, tras el proceso de liberación que inició en 1994 con el levantamiento zapatista del EZLN, las mujeres indígenas y propiamente las zapatistas comenzaron a realizar actos políticos más allá de los que en ese entonces podían alcanzar, con el fin de transformar esta condición de discriminación y violencia, parte de este proceso fue el surgimiento del Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan, que es una invitación a las mujeres del mundo a acudir a los territorios zapatistas, para generar un espacio donde puedan escucharse, analizar y proponer como harán para cambiar la situación de violencia de género.

Segundo Encuentro Internacional De Mujeres Que Luchan
Foto: Karen Ávalos

El pasado mes de septiembre, las mujeres zapatistas desde las montañas en el sur de Chiapas, hacían un llamado a las mujeres que luchan de todo el mundo con la convocatoria al Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan para hablar de un tema en específico: la violencia contra las mujeres. En la convocatoria puede leerse:

queremos que vengas y que digas claro tu denuncia. No para que la escuche un juez o un policía o un periodista, sino que para te escuche otra mujer, varias mujeres, muchas mujeres que luchan. Y así, compañera y hermana, tu dolor no esté solo y que se una con otros dolores. Y de tantos dolores que se unen no sale sólo un dolor muy grande, también sale una rabia que es como una semilla. Y si esa semilla se crece en organización, pues el dolor y la rabia se hacen resistencia y rebeldía, como decimos acá, y dejamos de esperar a que nos toque o no nos toque la desgracia, y nos ponemos a hacer algo, primero para detener esa violencia contra nuestra, luego para conquistar nuestra libertad como mujeres que somos.[1]

El mensaje era claro y había que reunirse. Motivo por el que el Encuentro se realizó del 26 al 29 de diciembre del año pasado en el Semillero Huellas del Caminar de la Comandanta Ramona del Caracol Torbellino de Nuestras Palabras, en la zona Tzotz Choj, comunidad de Morelia, Chiapas, donde se reunieron alrededor de cuatro mil mujeres y alrededor de cien niñas y niños de cuarenta y nueve países de todo el mundo. Para este Encuentro las mujeres se organizaron dentro y fuera del Caracol para distribuir las distintas actividades con la finalidad de hacer del Encuentro una experiencia grata para las asistentes. Los trabajos del Encuentro comenzaron el día 27 con el discurso de la Comandanta Amanda que dio inicio al evento y, por ende, fungió como la bienvenida a las asistentes. Entre las palabras de la Comandanta se resaltan las siguientes:

Dicen que hay equidad de género porque en los malos gobiernos hay igual de hombres y mujeres mandones y mandonas.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que hay más derechos en la paga para las mujeres.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que hay mucho avance en las luchas feministas.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que ahora las mujeres tienen más voz.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que ahora ya se toma en cuenta a las mujeres.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que ahora hay más leyes que protegen a las mujeres.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que ahora es muy bien visto hablar bien de las mujeres y sus luchas.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que hay hombres que entienden la lucha de como mujeres que somos y hasta se dicen que son feministas.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que la mujer ya está en más espacios.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que ya hasta hay super héroas en las películas.

Pero nos siguen asesinando.

Dicen que ya hay más conciencia del respeto a la mujer.

Pero nos siguen asesinando.

Cada vez más asesinadas.

Cada vez con más brutalidad.

Cada vez con más saña, coraje, envidia y odio.

Y cada vez con más impunidad.

O sea que cada vez con más machos que no se castigan, que siguen sin pena, como si nada, como si asesinar a una mujer, desaparecerla, explotarla, usarla, agredirla, despreciarla, es cualquier cosa.

Nos siguen asesinando y todavía nos piden, nos exigen, nos ordenan que estemos bien portadas. y no se puede creer, pero si un grupo de trabajadoras y trabajadores tapan una carretera, o hacen una huelga, o protestan, hay un gran escándalo. dicen que se violan los derechos de las mercancías, de los carros, de las cosas.

Y en los medios de comunicación hay fotos, videos, reportajes, análisis y comentarios en contra de esas protestas.

Pero si violan a una mujer, apenas se pone un número más o un número menos en sus estadísticas. y si las mujeres protestan y rayan sus piedras de arriba, rompen sus vidrios de arriba, le gritan sus verdades a los de arriba, entonces sí gran bulla.

Pero si nos desaparecen, si nos asesinan, entonces nomás ponen otro número: una víctima más, una mujer menos.

Como si el poderoso quisiera dejar bien claro que lo que importa es su ganancia, no la vida.

Foto: Karen Ávalos

Atendiendo tales palabras, durante los siguientes días, las mujeres trabajamos y abordamos la consigna inicial: exponer y visibilizar las experiencias de violencia que habíamos vivido cada una. Y aunque se consiguió tal objetivo, lo cierto es que también se necesitaba tiempo para reconocernos unas y otras, de modo que el último día se dedicó para que las mujeres liberaran los dolores que traían consigo mismas. Al terminar el Encuentro, las compañeras zapatistas nos hicieron reflexionar (y no solo a nosotras) con estas palabras:

No se puede creer, compañera y hermana, que tanto que hablan del progreso, de la modernidad y del gran desarrollo que hay en esos mundos, y ni siquiera hay quien tiene un poco de humanidad para conmoverse con esas desgracias, dolores y desesperanzas que se dijeron, más las que no se dijeron.

Cómo es posible que una mujer con esos dolores, esas penas, esos corajes, esas rabias, tenga que venir hasta estas montañas del sureste mexicano para recibir lo menos que nos debemos entre mujeres, que es un abrazo de apoyo y consuelo.

Tal vez la mujer que no ha sufrido una violencia piense que eso no es importante, pero cualquiera que tenga un poco de corazón sabe que ese abrazo, ese consuelo, es una forma de decir, de comunicar, de gritar que no estamos solas.

Y no estás sola, compañera y hermana.

Pero no basta.

No es sólo consuelo lo que necesitamos y merecemos.

Necesitamos y merecemos verdad y justicia.

Necesitamos y merecemos vivir.

Necesitamos y merecemos libertad.

De ahí que, durante los tres días de trabajo, en el Encuentro se hizo hincapié en la importancia del escuchar y la organización, donde invitan a todas las mujeres de todas las geografías a escucharse entre ellas, a acompañarse e intercambiar saberes para poder sanar. Resaltaron que es de vital importancia la organización, unirse como mujeres para poder emanciparse del sistema capitalista y patriarcal que oprime a las mujeres para lograr vivir libres, con seguridad y dignidad.

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dedicado al #8M día internacional de la mujer

Por ello, grosso modo, se establecieron tres propuestas que debemos cumplir las mujeres asistentes al Encuentro:

1.- Proponer y difundir entre nosotras y las mujeres que conozcamos las propuestas de cómo hacer para parar este grave problema de la violencia de género en nuestros respectivos espacios, territorios, comunidades, países.

2.- Apoyar, proteger y defender a cualquier mujer de cualquier parte del mundo de cualquier edad que pida ayuda por ser violentada o agredida. Debemos responder a su llamado, pues solo entre nosotras podremos generar redes de apoyo y bienestar.

3.- Trabajar, coordinar e intercambiar modos de accionar. Es decir, que todos los grupos, colectivos y organizaciones de mujeres que luchan y mujeres individuales que quieran actuar en conjunto se mantengan comunicadas a través de medios o redes seguras: teléfono, redes sociales, mensajes, etcétera. Así, al generar una red de contactos unas y otras se mantendrán al tanto, se cuidarán y abogarán por mantenerse unidas y, asimismo, sabrán en qué están trabajando todas.

Finalmente, las mujeres que luchan extendieron la invitación a todas las mujeres del mundo para que el 8 de marzo de 2020, desde nuestros espacios lleváramos a cabo lo siguiente:

Todas llevemos un moño negro en señal de dolor y pena por todas las mujeres desaparecidas y asesinadas en todo el mundo. Para que así les digamos, en todos los idiomas, en todas las geografías y con todos los calendarios:

Que no están solas.

Que nos hacen falta. 

Que las extrañamos.

Que no las olvidamos.

Que las necesitamos.

Porque somos mujeres que luchan.

Y nosotras no nos vendemos, no nos rendimos y no claudicamos.

De La Utopía De Las Mujeres Del Mundo  A La Praxis De Las Mujeres Zapatistas
Foto: Karen Ávalos

Veintiséis años después del levantamiento del EZLN, las mujeres zapatistas han logrado eliminar de sus espacios y de sus comunidades prácticas en las que se menosprecia o infravalora a la mujer, al tiempo de realizar avances significativos en la praxis para llegar a la emancipación. Durante la transformación de su entorno y sus espacios, en el territorio zapatista se prohibió y se erradicó, por ejemplo: el consumo de drogas para disminuir considerablemente la violencia doméstica. Con acciones de este tipo, los caracoles zapatistas son de los lugares más seguros para ser mujer en todo México porque ninguna mujer ha sido desaparecida ni víctima de feminicidio como en el resto del país donde las cifras son preocupantes.

Aunque en occidente existan múltiples libros, teorías y conceptos que intentan definir lo que es la equidad de género, los derechos de las mujeres; en los que se habla y se tipifican los distintos tipos de violencia; textos donde aborda y describe cómo se lograría erradicar la violencia de género o cómo igualar los salarios y los puestos laborales; publicaciones donde los hombres se declaran feministas, pro igualdad de género e incluso se catalogan como hombres deconstruidos pero que en la práctica toda esa retórica teoría se nulifican a nada cuando hay que aplicarlo en la realidad pues en muchos de los casos son estos mismos hombres los que ejercen distintos tipos de violencia a las mujeres con las que comparten espacios. Todo este cúmulo de conocimiento se nulifica cuando realmente no hay (ni habrá) ningún avance dentro del sistema capitalista, colinialista y patriarcal. Esta teoría parecería estar pensada únicamente para quedarse así: en los libros, en las páginas, en los debates académicos, pero no para llevarse a la realidad, no para cambiar la realidad de muchísimas personas.

Cabe aclarar que las mujeres zapatistas no se consideran feministas, no porque no apoyen el movimiento, sino porque ellas han generado su propio conocimiento a través de su epistemilogia, su cultura y sus experiencias vividas y no mediante teorías ni conceptos que provienen de académicas, investigadoras o teóricas occidentales.

Sin embargo, aunque propiamente no empleen tales conceptos o teorías propias del movimiento feminista, ellas, las mujeres zapatistas se reconocen con y como las mujeres que luchan. Por ello, hicieron el llamado a “las mujeres que luchan en todo el mundo” para participar en su territorio en el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, en donde las mujeres aprendieran a tranformar la realidad desde sus distintos espacios a traves de la praxis.

Por ejemplo, la organización del evento estuvo completamente estructurada por las mujeres zapatistas y ellas se encargaron de la suficiencia alimentaria, instalaciones limpias y seguras, espacios y organización para los talleres y actividades del Encuentro, incluso mujeres zapatistas conductoras –que únicamente aprendieron a manejar para este evento– se encargaron del traslado de las demás mujeres que llegaron. Esto ilustraba el carácter emancipador y autónomo que tenían las mujeres en el territorio zapatista: un evento convocado y organizado por mujeres para mujeres.

Asimismo, mientras todas participaban y todas se hacían cargo de sus deberes y tareas, hubo momentos tan sorprendentes como ver a mujeres enfocadas en las labores del Encuentro mientras que sus compañeros se hacían cargo de sus hijos o del cuidado del hogar. De modo que, en aquellas tierras, por fin, se consolidaba la utopía que miles de mujeres anhelan: en los territorios zapatistas todas las mujeres se pueden desplazar de manera libre; pueden sentirse seguras, tranquilas y donde no sentirán miedo pues saben que ninguna mujer será violentada ni agredida por prácticas machistas.

Asimismo, en la consolidación de esta utopía, en los territorios zapatistas las mujeres han tomado distintos cargos muy importantes para salvaguardar la autonomía de sus pueblos y comunidades, así como la defensa de sus territorios. Esto ha permitido que haya un gran avance para la emancipación de la mujer zapatista sin la necesidad de teorías o conceptos occidentalizados muy alejados de la realidad de aquel lugar. Ellas, las mujeres zapatistas habían alcanzado erradicar prácticas tan violentas a base de trabajo comunitario entre unas y otras.

Un lugar libre de violencia, de feminicidios, de desaparecidas realmente parece una utopía para muchas de las mujeres que asistimos y, por tanto, es que las mujeres zapatistas nos dieron una tarea clave durante todo el Encuentro: denunciar y abordar la violencia que como mujeres habíamos experimentado. Prácticamente las cuatro mil asistentes expusieron todos los tipos de violencias que han vivido por ser mujer. En casi todos los casos los hombres con los que tuvieron un vínculo ya fuese laboral, escolar, profesional o personal ejercieron distintos tipos de violencia sobre ellas, tales como violencia sicológica, sexual, económica y física, o en algunos casos, el tipo de violencia había sido mucho más crítico como la violación, la desaparición o el feminicidio.

En el caso de la desaparición o el feminicidio, las compañeras expresaban la cercanía que tuvieron ante tales eventos y cómo había impactado directamente en ellas. Los que parecían hechos aislados de violencia se convirtieron en un mal común que sufrieron todas en menor o mayor escala a lo largo de su vida. Las mujeres intercalaron de manera consciente todos los momentos violentos vividos. Fueron días en los que el apoyo, el escuchar atenta y comprometida, el respeto al dolor ajeno, el consuelo y la sanación entre mujeres existió en todo momento. Posteriormente, había que empezar a organizarse para a crear propuestas de cómo se organizarían y qué harían las mujeres para que no existiera ninguna mujer violentada, desaparecida y asesinada en sus espacios respectivos y, consecuentemente, en el mundo.

 Así, las compañeras zapatistas dieron un mensaje muy claro y es que quizá ellas no tengan ni la teoría ni conceptos hegemónicos como las sociedades civilizadas, a las que decimos pertenecer. El punto es que ellas observan que ese cúmulo de conocimiento teórico es muy distinto en la práctica y en la realidad que enfrentan diariamente todos los países del mundo; sin embargo, en sus comunidades, ellas están haciendo realidad lo que muchas mujeres en el mundo ven como una utopía o una realidad lejana: poder estar en todos nuestros espacios sin violencia, sin miedo, seguras y libres. Donde ninguna mujer sea violentada, desaparecida ni asesinada. Eso tendría que ser una realidad en todo el mundo y no un anhelo utópico como lo es para muchas de las asistentes al Encuentro, especialmente para las que fuimos de territorios tan sangrientos y violentos donde lo peor que nos ha pasado es haber nacido mujeres en medio de una sociedad machista, misógina e injusta.

[1] Convocatoria al Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Disponible en http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2019/09/19/convocatoria-al-segundo-encuentro-internacional-de-mujeres-que-luchan/. Todas las citas realizadas pertenecen a este texto.


Karen Ávalos

Internacionalista por la Universidad Nacional Autónoma de México. Especialista en estudios de Estado, gobierno y democracia por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

@KarenFridAvalos


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