Las otras razones del Brexit

Previo Referendum y desde que se hiciera público el anuncio de la salida del Reino Unido (RU) de la Unión Europea (UE), en junio del 2016, han sido muchos los columnistas, investigadores y académicos que han abordado el tema, analizando los supuestos que empujaron a Gran Bretaña para abandonar a la Unión, esgrimiendo razones variadas, unas de carácter económico primordialmente y otras de cariz político. Lo cierto es que, finalmente, el plazo se ha cumplido y los británicos, a partir del 31 de enero del 2020, habrán abandonado a la Unión Europea, si bien el nuevo Tratado de Libre Comercio con la UE se prevé quedará listo para finales del presente año, lo cual coloca el asunto en un impasse de prácticamente un año para concluir las negociaciones, periodo durante el cual todo vivirá en una calma que no por ello será menos tensa.

Muchos de los estudiosos del tema han opinado que el citado Brexit es la viva expresión del triunfo de la democracia, debido a que se registró toda una protesta en masa tanto en contra de la banca londinense como de las instituciones de la Unión Europea y del que quizá es el tema más polémico y delicado: la migración, fenómeno que está presente en muchas latitudes del planeta y que se ha ido desbordando con repercusiones de todo tipo que vienen impactado de manera muy significativa a las sociedades de Europa occidental.

En este sentido, no se debe olvidar que en el 2004, con la ampliación de miembros aprobada en el seno de la UE, nuevos Estados de Europa Central (primordialmente) se incorporaron, con lo cual los movimientos migratorios crecieron y se sumaron al inacabable número de desplazados y solicitantes de asilo procedentes de otras latitudes (que ya existían y que siguen fluyendo), mismos que han incentivando fenómenos como el aislacionismo, la eurofobia y la xenofobia; y que recorren desde hace rato gran parte de ese continente. Hoy, los británicos aducen que lo mejor ha sido salir de la UE porque así podrán restablecer el dominio sobre sus intereses, cuidando en especial sus fronteras, y favorecer con ello un mejor control de la migración.

No obstante todos los elementos anotados, entre los estudiosos son pocos los que han sostenido que hay otros motivos, los verdaderos, sobre la salida británica, en especial uno: el reconocimiento de la finalización del neoliberalismo como modelo económico, por ya no convenir a los intereses de sus beneficiarios y la ola de cambios económicos y políticos que ya se observan en el resto del mundo.

¿Qué acusa esta finalización? En primer término, la baja de la tasa de ganancia de los beneficios que generó, para muy pocos y muy selectos, aunque tampoco está claro qué otro paradigma se ha ideado para la sustitución de dicho modelo. El verdadero triunfo, se dice, está en que las clases medias y bajas británicas consiguieron que sus reclamos se escucharan, logrando que Boris Johnson se comprometiera, en principio, a resolver problemas de carácter laboral, de salud y del transporte.

Por cuanto hace al ámbito financiero, lo que había estado dificultando la definición en la separación del RU de la UE era el jaloneo entre las fuerzas internas en la toma de decisiones que representan a los inversionistas y los grandes capitales de Albión, que no lograban, por un lado, ponerse de acuerdo respecto de cómo proteger a las empresas, inversiones, finanzas y demás intereses públicos, pero sobre todo los privados; y del otro, las del resto de los unionistas y sus socios. De ahí la exigencia de los parlamentarios británicos, incluso de los laboristas, de que el Acuerdo que se adopte deje bien claros los cómos sobre la protección a esos intereses, y especialmente quiénes y cómo absorberán las pérdidas.

El Brexit, además, estaría evidenciando otros temas, dado que por sus condiciones coloca a las regiones que componen ese país en situación peculiar. Primer ejemplo: Irlanda del Norte, que se ha convertido en un punto espinoso debido a que no pertenece a la UE, mientras que Irlanda sí es miembro. De no ventilarse esta situación con puntualidad provocaría la actualización de una frontera interna sujeta a revisión del paso de trabajadores, pero especialmente de mercancías, bienes y servicios, violando el pacto –aunque parezca extraño- entre católicos y protestantes al que ambas regiones llegaron y por el que han mantenido una sana concordia a partir de 1998.

En ambos territorios los niveles de vida de los trabajadores de los astilleros y de las minas han disminuido, aunque las masas han argumentado que sus intereses laborales se han visto afectados por la ola migratoria, toda vez que se ha abaratado la mano de obra.

El siguiente ejemplo: Escocia, que ante el separatismo se vio tentada a solicitar su independencia del RU, la cual se votó a favor en el 2014, aunque fue contenida a un precio alto, pues el entonces Primer Ministro, David Cameron, hubo de renunciar. La tentación separatista no ha desaparecido y el Parlamento Escocés además de anunciar que dejará que la bandera de la UE continúe ondeando, ha pedido a Boris Johnson que se realice un nuevo referéndum de independencia, postura que Johnson ha rechazado una y otra vez y que seguramente será motivo de sesudas sesiones para acotar las inquietudes en esa región.

La economía de esa parte de la isla está representada en gran parte por el petróleo y la banca, dos de los puntos más importantes dentro del mundo de la City y de las negociaciones para un Brexit con acuerdo, que es lo que se espera para diciembre del presente año.

Gales es otro de los dolores de cabeza para el Ministro Johnson, dado que es la región más pobre del país, y la que ha conservado mayormente su sector primario dedicado a la agricultura y la ganadería, haciéndola receptora de apoyos por parte de Londres para apuntalar su economía. La pregunta entonces se centraría en saber de qué modo se reflejará el Brexit en esa zona y que las necesidades galesas no se desborden por falta de atención.

Al tenor de lo expuesto hay, además, otras peticiones que se están dando dentro de la sociedad británica, concentradas en lograr mayores y nuevas inversiones en materias de salud, educación y transporte. Estos fueron renglones que el neoliberalismo afectó porque invirtió poco en su infraestructura y, contrariamente, fomentó la idea de que estaban al servicio de la economía, obviando que van de la mano y significan, en el caso del primero, el bienestar de la población para un mejor rendimiento en el trabajo, el bienestar familiar y su interacción con la sociedad; y del segundo, el derecho a la movilidad social y a una actividad que hace al humano un ser pleno y útil.

En materia comercial, los británicos deberán pensar en cómo prepararse para negociar la compraventa de sus productos, para lo cual podrían optar por aplicar las normas de la OMC (Organización Mundial del Comercio) en sus relaciones con la UE, dado que sus reglas se asemejan a las que tiene la Unión Aduanera de la Unión, o quizá regresar a su antigua práctica derivada del Derecho Inglés. Esto es: Contract Acts para decidir sobre la aplicabilidad del Derecho en obligaciones contractuales o el Private International Act para aquellas obligaciones no contractuales.

Lo mismo para gravar y que les graven sus mercancías en las aduanas, para expedir y solicitar regulaciones fitosanitarias para la entrada y salida de todo tipo de bienes y servicios, todo ello pasando por las implicaciones que afectarán a las comunicaciones aéreas, ferroviarias y por carretera; y en lo que a la City atañe, seguramente el punto neurálgico del proceso, sobre las nuevas reglas que deberán cumplirse para el movimiento de capitales, bonos y los demás instrumentos financieros que pasan por ese centro financiero.

Consecuentemente, el ámbito social no estará menos atareado. La ciudadanía se pregunta qué tan impactante será el que los medicamentos y los servicios sanitarios se ajusten a las nuevas medidas, valorando lo que representará la posible contratación de seguros privados y el incremento en el pago de esos seguros, junto con el aumento en los costos del transporte, con la consiguiente afectación de las economías de las personas y el comercio.

En cuanto a los trabajadores migrantes, por ahora se ha dicho que conservarán sus derechos, pensiones y otros beneficios. Al emplear personas procedentes de los demás países comunitarios se les procuraban los servicios médicos y los seguros y pensiones de vejez, becas, etc., y se extendía a la familia fomentando con ello la unidad familiar, pero ante el nuevo escenario de posible retiro de prebendas e incentivos derivados del Pacto con la UE muchos han comenzado a salir en éxodo hacia sus países de origen o bien a otros países de la Unión que les ofrezcan condiciones similares a las que tenían en el RU.

En el terreno de la educación escolar, y en especial la de carácter profesional, los estudiantes universitarios tanto británicos como los comunitarios, ahora saben que bajo las nuevas circunstancias, al terminar sus carreras, no funcionará más el criterio de homologación de los estudios y de los títulos profesionales y que habrá que hacer frente al cumplimiento de requisitos que establezcan los Ministerios de Educación y demás implicados en la prestación de servicios educativos, tanto para quienes vayan a estudiar fuera como para quienes deseen cursar una carrera dentro del Reino Unido.

Finalmente, si lo que movió a la sociedad aunque sea tangencialmente hacia el Brexit fue el deseo de frenar la concentración de la riqueza en unas pocas manos, abriendo una brecha enorme entre las personas y afectando grandemente a las democracias, habrá que buscar entonces el camino de realizar grandes y profundos cambios en las políticas económicas, sumándolos a los avances de la Cuarta Revolución Industrial que ya está en marcha, y enfrentar la posible recesión económica que se ha anunciado incluso a nivel mundial.

Los nuevos temas están concentrados en la tecnología emergente, la biotecnología, las técnicas de la información y comunicación, ciencia cognitiva, robótica, etc., y otros campos como la inteligencia artificial, los vehículos hipersónicos, la nanotecnología, la computación cuántica, la impresión 3D, los vehículos autónomos, etc.

El secreto, como siempre, estará en cómo tendría que beneficiar a todos, a pesar de que los dueños de los grandes capitales seguramente solo esperarán que sus inversiones en tales rubros generen una nueva expansión de sus fortunas. La reciente Cumbre de Davos no pudo ser menos triste: abocada únicamente a enunciar, que no abordar con profundidad, los problemas del cambio climático y la desigualdad.

Solo como ejemplo: no es posible continuar con fenómenos contradictorios que prácticamente obligan a los Estados poderosos, y a otros no tanto, a ser candil de la calle y oscuridad de su casa, alimentando populismos absurdos que para tratar de paliar la migración sur-norte que se genera por la devastación de la naturaleza y la economía que causan en los lugares de origen de los migrantes, luego reciben a cientos de miles de ellos, proporcionándoles gratuidad en educación, salud y vivienda; mientras que abandonan a sus connacionales solicitantes de esos mismos servicios, por privilegiar a los que han llegado de fuera. Es deseable que los vientos de cambio, favorezcan a los más que sea posible.


Luz María Cahero Cornejo

Licenciada en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Maestra en Relaciones Internacionales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma Universidad. Ha intervenido en diversos Foros, Talleres y Mesas Redondas con temas como Paz y Desarrollo, Desarme, Armas Pequeñas y Ligeras, Protección Civil, y ha participado como miembro del Movimiento Mexicano por la Paz y el Desarrollo, A.C. (MOMPADE), y del Instituto de Investigación y Estudios Internacionales, A. C.

Publicado por CELAEI

Somos un Centro de Investigaciones Interdisciplinarias fundado en México, con vocación latinoamericanista.

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